Paulamira
Poeta recién llegado
Aire desentendido pero cercano. El asecho sigiloso y constante de un sentimiento indefinido pero real.
Es prudente el temor ante un incierto camino. ¿Destino inminente o atracción consecuente de un intento incansable de llenar un vacío? Nada se puede explicar más sólo vivir.
Un rincón escondido temeroso de ser sorprendido habita en mí y provoca el espontáneo sonrojo. Exultante emoción y un estupor desencanto desnuda la idea de la perfección.
Un momento de odio no puede saciar la avergonzada culpa que siembra su sombría mirada cual gélida daga.
Los sentidos me acusan y evidencian mi encarnada debilidad. Pero entonces me propongo disfrazar de confusión lo que es irrefutable. Un pretexto para mi inconsolable realidad vuelve a contener mis ganas.
¿Cuánto más podré sostener que es tan sólo un capricho antes de tener que enfrentarme inevitablemente con tu sonrisa? ¿Cómo podré segar el espejo de mi alma sin antes acallar las voces en mi mente?
Todo parece empujarme fuera de mí incluso de mi voluntad y no lo puedo frenar. ¿Cómo puedo evitar el tropiezo de mi cobardía y empuñar un ramo de verdades que no se escapen como palabras?
Pretendo que todo es más simple, que sólo son vagas ideas infundadas que engendraron mis miserias. Trato de seguir a pesar de los recuerdos y de la presencia silenciosa de tu complicidad.
Quizá por el temor al desencanto prefiero conservarlo indefinido.
Es prudente el temor ante un incierto camino. ¿Destino inminente o atracción consecuente de un intento incansable de llenar un vacío? Nada se puede explicar más sólo vivir.
Un rincón escondido temeroso de ser sorprendido habita en mí y provoca el espontáneo sonrojo. Exultante emoción y un estupor desencanto desnuda la idea de la perfección.
Un momento de odio no puede saciar la avergonzada culpa que siembra su sombría mirada cual gélida daga.
Los sentidos me acusan y evidencian mi encarnada debilidad. Pero entonces me propongo disfrazar de confusión lo que es irrefutable. Un pretexto para mi inconsolable realidad vuelve a contener mis ganas.
¿Cuánto más podré sostener que es tan sólo un capricho antes de tener que enfrentarme inevitablemente con tu sonrisa? ¿Cómo podré segar el espejo de mi alma sin antes acallar las voces en mi mente?
Todo parece empujarme fuera de mí incluso de mi voluntad y no lo puedo frenar. ¿Cómo puedo evitar el tropiezo de mi cobardía y empuñar un ramo de verdades que no se escapen como palabras?
Pretendo que todo es más simple, que sólo son vagas ideas infundadas que engendraron mis miserias. Trato de seguir a pesar de los recuerdos y de la presencia silenciosa de tu complicidad.
Quizá por el temor al desencanto prefiero conservarlo indefinido.