buhita
Poeta asiduo al portal
Hoy sucumbo en tu lecho inoculada de fluido veneno,
deleitada del magistral goce que le brinda tu boca a mis senos,
sofocada por el placer vehemente que dentro de mi se vierte,
desbordada en el humor acuoso nacido en cada uno de tus poros.
Sin sumisiones, con poco detalle, convidas al sanguinario Ares
e incitas a Deimos a que continúe esta velada de solaz fúnebre;
porque implorando se promovió este desgraciado encuentro
e implorando, así mismo, debe culminar esta aberración de momento.
Se entrometen muy oportunos en nuestros besos, los recuerdos,
que acentúan mi debilidad y fortalecen tu estadía en el tiempo;
tus amantes, los que hacen a tus sentidos estremecer en sus dedos,
a ellos les tengo aversión por no haber confabulado lo bueno.
Impune aparentas como el silencio tras un grito de guerra,
culpable eres como la sangre, que seca, evidencia al marcial caballero.
Y se puede notar la desidia con la que sostienes mi vida
si al instante te doblegas y reduces el costo de mi cuerpo en venta.
Entonces llega, porque siempre llega ése, el término,
bordando en mi piel la alegría, sin duda, efímera.
Los colores se difuminan ante mi mojada vista
confundiendo el terreno que cabizbaja tanteo
buscando tu regreso.
La soledad, tan fría, tan humana, tan mía.
deleitada del magistral goce que le brinda tu boca a mis senos,
sofocada por el placer vehemente que dentro de mi se vierte,
desbordada en el humor acuoso nacido en cada uno de tus poros.
Sin sumisiones, con poco detalle, convidas al sanguinario Ares
e incitas a Deimos a que continúe esta velada de solaz fúnebre;
porque implorando se promovió este desgraciado encuentro
e implorando, así mismo, debe culminar esta aberración de momento.
Se entrometen muy oportunos en nuestros besos, los recuerdos,
que acentúan mi debilidad y fortalecen tu estadía en el tiempo;
tus amantes, los que hacen a tus sentidos estremecer en sus dedos,
a ellos les tengo aversión por no haber confabulado lo bueno.
Impune aparentas como el silencio tras un grito de guerra,
culpable eres como la sangre, que seca, evidencia al marcial caballero.
Y se puede notar la desidia con la que sostienes mi vida
si al instante te doblegas y reduces el costo de mi cuerpo en venta.
Entonces llega, porque siempre llega ése, el término,
bordando en mi piel la alegría, sin duda, efímera.
Los colores se difuminan ante mi mojada vista
confundiendo el terreno que cabizbaja tanteo
buscando tu regreso.
La soledad, tan fría, tan humana, tan mía.
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