Luis Fernando Tejada
Poeta reconocido
I
Cuando intuiste
que podías disponer a
tu antojo de la sed expresada
en mis ojos,
con indiferencia
desviaste la mirada y
la impeliste sobre
el paisaje frio
divisado desde la ventana.
II
Y a continuación
este mendicante
obtuvo de ti como sentencia
una actuación espléndida
de maniquí contemplativo
del azul del cielo,
mendrugo arrojado al vacío.
III
La fuente en que
busqué el encuentro
con la dicha,
se convirtió en
la ruta que me
acercó al borde
del precipicio
(náufrago aferrado
a una nave que zozobra).
IV
Sobre la almohada
la nostalgia, el silencio,
mi alma en él,
pensamiento lento,
vivo mis recuerdos,
las horas pasan,
en la oscuridad
miro hacia la ventana,
luz tenue,
fin de la noche,
comienza a crecer
la luz de la mañana,
todavía lloverá en los ojos.
Cuando intuiste
que podías disponer a
tu antojo de la sed expresada
en mis ojos,
con indiferencia
desviaste la mirada y
la impeliste sobre
el paisaje frio
divisado desde la ventana.
II
Y a continuación
este mendicante
obtuvo de ti como sentencia
una actuación espléndida
de maniquí contemplativo
del azul del cielo,
mendrugo arrojado al vacío.
III
La fuente en que
busqué el encuentro
con la dicha,
se convirtió en
la ruta que me
acercó al borde
del precipicio
(náufrago aferrado
a una nave que zozobra).
IV
Sobre la almohada
la nostalgia, el silencio,
mi alma en él,
pensamiento lento,
vivo mis recuerdos,
las horas pasan,
en la oscuridad
miro hacia la ventana,
luz tenue,
fin de la noche,
comienza a crecer
la luz de la mañana,
todavía lloverá en los ojos.
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