coral
Una dama muy querida en esta casa.
Indiferentes
Viven sobre descoloridas nubes de papel,
aspirando el aroma de las flores
recortadas y pegadas en la pared,
con la brisa deambulando
detrás de los ventanales
invitando a aspirar el aire.
No la sienten, no se renueva su piel,
solo hay cuartos oscuros
donde hacen nido los pesares.
No se perfuman y va llegando la noche...
¡Esas noches tan oscuras!
Lejos de la luz matutina,
entumecidas están sus pestañas
porque sus pupilas no han querido ver
la hermosura de la luna
y su brillante luz
reflejada en los cristales.
¡Niña muda, niña oculta!
Niña ciega y sombría,
solo el eco de palabras,
palabras con picardía,
la despiertan de su enigmática agonía.
Niño viejo, viejo niño,
¿dónde quedaron sus anhelos?
era inquieto, lisonjero,
con su espada de caballero,
Ya de él no quedan sueños,
el tiempo los ha ido carcomiendo.
Simplemente mira y ve
¡sin ver que está lloviendo
mil goteras en los techos!
Y van pasado los días
metidos en las hojas de un cuaderno
sin mareas azules de sueños,
sin palmeras enterradas
bailando entre las arenas,
sin encumbrar los picos más altos
donde juguetean los vientos
con las plumas de las águilas.
Como si fueran almas nocturnas
escapadas de la nada, se acurrucan
sobre sus entrañas.
¡Y se va pasando el tiempo!
Y los paisajes azules
dibujados en los cuatro muros,
¡se vuelven polvo amarillo!
Y entre nubes de papel
quedarán sus sueños de niño.
¡Corre y vuela, vuelve, sueña!
Alma escondida e indiferente
aléjate de las quimeras,
dibuja tu paraíso
con una luna alumbrada por las estrellas,
remoja tus pies en los charcos,
juguetea con la lluvia
salpicando tus encantos.
¡Sueña y vuela!
Juega con las águilas y el viento,
aléjate de esos caminos vagos y polvorientos
y vuelve a soñar de nuevo
¡con tus sueños de otro tiempo!
Prudencia arenas
Viven sobre descoloridas nubes de papel,
aspirando el aroma de las flores
recortadas y pegadas en la pared,
con la brisa deambulando
detrás de los ventanales
invitando a aspirar el aire.
No la sienten, no se renueva su piel,
solo hay cuartos oscuros
donde hacen nido los pesares.
No se perfuman y va llegando la noche...
¡Esas noches tan oscuras!
Lejos de la luz matutina,
entumecidas están sus pestañas
porque sus pupilas no han querido ver
la hermosura de la luna
y su brillante luz
reflejada en los cristales.
¡Niña muda, niña oculta!
Niña ciega y sombría,
solo el eco de palabras,
palabras con picardía,
la despiertan de su enigmática agonía.
Niño viejo, viejo niño,
¿dónde quedaron sus anhelos?
era inquieto, lisonjero,
con su espada de caballero,
Ya de él no quedan sueños,
el tiempo los ha ido carcomiendo.
Simplemente mira y ve
¡sin ver que está lloviendo
mil goteras en los techos!
Y van pasado los días
metidos en las hojas de un cuaderno
sin mareas azules de sueños,
sin palmeras enterradas
bailando entre las arenas,
sin encumbrar los picos más altos
donde juguetean los vientos
con las plumas de las águilas.
Como si fueran almas nocturnas
escapadas de la nada, se acurrucan
sobre sus entrañas.
¡Y se va pasando el tiempo!
Y los paisajes azules
dibujados en los cuatro muros,
¡se vuelven polvo amarillo!
Y entre nubes de papel
quedarán sus sueños de niño.
¡Corre y vuela, vuelve, sueña!
Alma escondida e indiferente
aléjate de las quimeras,
dibuja tu paraíso
con una luna alumbrada por las estrellas,
remoja tus pies en los charcos,
juguetea con la lluvia
salpicando tus encantos.
¡Sueña y vuela!
Juega con las águilas y el viento,
aléjate de esos caminos vagos y polvorientos
y vuelve a soñar de nuevo
¡con tus sueños de otro tiempo!
Prudencia arenas
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