Évano
Libre, sin dioses.
En estos tiempos de hoy
donde se ensalza la desgracia de uno solo
hemos
abandonado a una parte del pueblo
a los lobos.
Impasibles a los huesos roídos
a los jirones de carne colgando al aire
a la sangre que corretea bordillos y aceras
de mujeres y ancianos y niños arrojados
a la intemperie de morales y éticas.
Duerme la misericordia en almohadas
de bienestares vigilados por látigos
que azotan a las órdenes del miedo.
Despierta y limpia la legaña de oro que cubre
los ojos creados por un Dios bondadoso.
Quizás sea tarde para uno mismo
pues el otro soy yo encerrado en la celda
de mi propia cobardía.
La desidia ante el otro es la oscuridad
la abulia que retiene y donde se halla mi libertad.
Pienso que las cuerdas del sentirse culpable atan
más que toda la pobreza de este mundo de materia.
Quizás sea tarde
pero intento romper con mis alas
los barrotes de mi propio y único interior.
Ilumina las torturas ocurridas
en estos tiempos donde
ríe el lobo a mandíbula abierta.
Hazlo con la mayor de las fuerzas que existen en este Universo
la del pacifismo que muestra al mundo
los cuerpos devorados por capitales y pecados
y por nosotros mismos.
Y levanta las piedras de las casas derruidas al pobre
y haz con ellas las cruces del cementerio futuro
para que no sea egoísta ni avaro ni maldito.
Construye un camposanto para pasear los domingos
para que no se olvide nunca a los colmillos malévolos.
Quizás sea tarde
también
para ellos mismos.
 
donde se ensalza la desgracia de uno solo
hemos
abandonado a una parte del pueblo
a los lobos.
Impasibles a los huesos roídos
a los jirones de carne colgando al aire
a la sangre que corretea bordillos y aceras
de mujeres y ancianos y niños arrojados
a la intemperie de morales y éticas.
Duerme la misericordia en almohadas
de bienestares vigilados por látigos
que azotan a las órdenes del miedo.
Despierta y limpia la legaña de oro que cubre
los ojos creados por un Dios bondadoso.
Quizás sea tarde para uno mismo
pues el otro soy yo encerrado en la celda
de mi propia cobardía.
La desidia ante el otro es la oscuridad
la abulia que retiene y donde se halla mi libertad.
Pienso que las cuerdas del sentirse culpable atan
más que toda la pobreza de este mundo de materia.
Quizás sea tarde
pero intento romper con mis alas
los barrotes de mi propio y único interior.
Ilumina las torturas ocurridas
en estos tiempos donde
ríe el lobo a mandíbula abierta.
Hazlo con la mayor de las fuerzas que existen en este Universo
la del pacifismo que muestra al mundo
los cuerpos devorados por capitales y pecados
y por nosotros mismos.
Y levanta las piedras de las casas derruidas al pobre
y haz con ellas las cruces del cementerio futuro
para que no sea egoísta ni avaro ni maldito.
Construye un camposanto para pasear los domingos
para que no se olvide nunca a los colmillos malévolos.
Quizás sea tarde
también
para ellos mismos.