Cuentista
Silencio, un cuento.
Evocar el pasado resucita mi laguna de añoranza, desentierra las mareas reposadas por su ya, desolada inexistencia. Por ese flamante motivo ¡Por esa idílica sensación!, retorno a este malévolo caserón. Aquí, yacen en sepultura, soterrados en su ínfimo cementerio, mi esposa de rubios y tan envidiados cabellos, y mi hijo, mi niño de alma divina. El anhelo de sentir y percibir, es la causa y el origen de que cada invierno regrese a este murmurado caserón. Advertir su deseada presencia entre estas asfixiadas paredes, calma mi deplorada realidad. Reconfortado con las llamas de la apacible hoguera, sufro pacientemente un vestigio, una estela, o quizás... un retumbo de sus labios que me nombre, que me clame, y su espectro fantasmal de ánima brillante me florezca como pétalos en flor. El retorno a este olvidado caserón, me aproxima dócilmente a mi familia. Cada invierno desentierro los dos cuerpos, y por una noche, mis queridos, mis amados, se alimentan fríamente de los vivos.
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