Inés no está

alvaro sinarahua

Poeta fiel al portal
El sonido de reloj retumba en mi cabeza, la habitación está oscura, tan lúgubre como carente de su cuerpo. Sí, es casi medianoche y hace unos minutos mientras me sentaba en el sillón crema veía como Inés se marchaba y entre sus maletas mi corazón .Ella se veía tan decidida, parecía que no escuchaba mis palabras, que me ignoraba. Parecía que hacía lo mismo que yo le hice sin darme cuenta todos estos años después de habernos casado. En mi mente está como una cinta de película ese momento en el que le dije que no volvería a descuidarme de ella, que volvería a tener las mismas atenciones como en los años de enamorados, la sorprendería dándole besos improvisados. Y entonces pasó, ella me miro sin darme si quiera una palabra, pero su rostro estaba mojado de lágrimas. Su llanto me decía “no tengo más palabras para ti”. La casa está sola y se nota su ausencia, ella era la sonrisa perfecta, la luz de la casa, la esposa hacendosa, la futura madre de Sergio, porque mi primer hijo será varón. Ella con sus cuatros meses de embarazo ha soportado mis días con sabor a licor, mi mal humor y mi ausencia en fechas importantes. Cada vez que ella quería reclamar algo sabía que mi respuesta sería: No te falta nada, nunca te puse una mano encima y te amo. Esas palabras la calmaban de cualquier situación y muchas veces era la chispa para desatar nuestra pasión como dos quinceañeros.

Recuerdo la primera vez que le hablé, estaba parada en el balcón del segundo piso, quizá buscando a alguien con la mirada. Hola, le dije y al mirarme se colorearon sus mejillas como si me hubiese estado buscando. Hablamos cosas banales, ambos estábamos nerviosos, un recuerdo que no olvidaré por el resto de mi vida. Y así fue, a las dos semanas nuestro primer beso, después de varios días visitándola a las afueras de su casa y bajo la mirada de los vecinos que murmuraban mientras nos veían conversar y reir como dos cómplices de travesuras. Me acerqué con la inseguridad de todo muchacho, puse mi mano en una de sus mejillas y acerqué mi rostro muy despacio, ella cerró los ojos como acompañando el movimiento y soñamos despiertos por primera vez. Esa noche la tomé de la mano y ella no me soltó hasta hoy.

Bastará decir que soy Mauro Castro, periodista. Un hombre que ha vivido diez años ligado a un oficio que le ha servido para sublimar el placer que siente al escribir .Bastará decir que soy un acomodador de palabras, un punto dentro de esta urbe de concreto.
 
Wao, increíble estilo, me has llevado a la escenana y no quería que terminara jamás...

enserio... la historia es hermosa... enserio que lo es...

ahora siento que te debo algo...

toma una rosa y un beso de su tono... con cariño.. gracias por la excelente prosa...
 
Una buena prosa. La última parte me recordó el inicio de "El Tunel", de Ernesto Sábato. Un gusto haberte leído.
Las últimas lineas son un homenaje a Ernesto Sábato y una de sus obras que me marcó por muchos años.Gracias por sus palabras.Saludos.
 
Última edición:

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba