Infame deserción-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
Los objetos me observan,

cansados, meticulosos, exasperados.

Yo, mientras, les canto, en tu

reticente ausencia: observan y

les observo. No decir nada,

es todo lo que se necesita

para hacer poesía, pienso.

En vainas sucesivas, y en pronósticos

deliberados, pasamos la vida,

ese crujiente de helado que nos lleva

a paraísos remotos o a acantilados nevados.

En sucesiones de estampas, en ausencias

metódicas, y en tristezas anodinas, plantamos

nuestra exigente rebelión: no hay ángel

que acuda a nuestra infame deserción, para salvarnos.

Y pierdo el numeroso ejército de palabras

que antes me atestiguaban, que antes me afectaban:

sonoridades muertas, leves, que apenas

ahora significan. Modelo aviones de papel.

Como cuando los tiraba por las ventanas,

y caían sobre el enebro de abajo.

No hay revolución, rebeldía, con o sin causa,

en la que no haya izado mi bandera; de poco

sirvió. Esperanzas, de juventud, por lo demás

desmedidas. Las utopías no se hicieron

sencillamente para mí. Fabrico aerosoles.

Busco la química perdida. El sol de octubre,

que rescato de algún afiche de aguamarina.

En fin, poesía es esto, señores: regurgitar

canciones ya pasadas.

©
 

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