Solsticio de primavera
Poeta fiel al portal
Ing. Maschwitz.
en un bar al costado
de la ruta,
son las 4 de la mañana,
y bien,
las luces son rojas
o están rotas,
el techo es de chapa, creo
y un pelícano
de humo extiende
sus rocas alas rotas
y empieza el show.
creo estar en Missouri,
y los trapos
levantan a la gente
copiosa,
enarbolan los estandartes
y la música
sube junto al sonido de los aerosoles.
luego despierto; ¡qué bien, olivares!,
ha pasado la noche
de las luces
y he despertado cubierto
por las rúbeas sábanas
y algunos yuyos, también sorgos.
completamente desnudo el sol me tatúa la piel.
miro al oeste y hacia arriba;
un cielo plúmbeo y gentil deja la luz
tejer su fina capa de bien.
miro al este y hacia el bien;
nubes, como capullos de algodón,
tiñen sus cuerpos con el cuerpo lavanda del bien.
empiezo a creer que un ciruelo es mi alma
y agradezco al coito
por darme la posibilidad de ver, sentir, y morir.
tengo la semilla advenediza en mi ser,
sí, sí, ahora lo sé,
y todo este cielo de yemas sensibles
no es más que un fecundo campo para un aprendiz.
la vida está bien, la vida es el bien; suenan las calimbas
del ángelus y todo se oscurece
una clivia salvaje ciñe su belleza
alrededor de mi índice;
no rotules al amor,
ama cada pasaje
y sonríele al resentimiento
y el rencor;
para que en cada erial al que señales encuentres un nuevo corazón.
en un bar al costado
de la ruta,
son las 4 de la mañana,
y bien,
las luces son rojas
o están rotas,
el techo es de chapa, creo
y un pelícano
de humo extiende
sus rocas alas rotas
y empieza el show.
creo estar en Missouri,
y los trapos
levantan a la gente
copiosa,
enarbolan los estandartes
y la música
sube junto al sonido de los aerosoles.
luego despierto; ¡qué bien, olivares!,
ha pasado la noche
de las luces
y he despertado cubierto
por las rúbeas sábanas
y algunos yuyos, también sorgos.
completamente desnudo el sol me tatúa la piel.
miro al oeste y hacia arriba;
un cielo plúmbeo y gentil deja la luz
tejer su fina capa de bien.
miro al este y hacia el bien;
nubes, como capullos de algodón,
tiñen sus cuerpos con el cuerpo lavanda del bien.
empiezo a creer que un ciruelo es mi alma
y agradezco al coito
por darme la posibilidad de ver, sentir, y morir.
tengo la semilla advenediza en mi ser,
sí, sí, ahora lo sé,
y todo este cielo de yemas sensibles
no es más que un fecundo campo para un aprendiz.
la vida está bien, la vida es el bien; suenan las calimbas
del ángelus y todo se oscurece
una clivia salvaje ciñe su belleza
alrededor de mi índice;
no rotules al amor,
ama cada pasaje
y sonríele al resentimiento
y el rencor;
para que en cada erial al que señales encuentres un nuevo corazón.