Cuánta angustia experimenta
mi ser con el sufrimiento
del desvalido en el mundo
que circula como muerto
insepulto y putrefacto,
sin horizontes ni sueños
ni medios de mitigar
el hambre que invade el cuerpo
y carcome sus entrañas,
mientras que los opulentos,
amos todopoderosos,
contentos y satisfechos
por el sistema imperante,
con sus arcas de dinero
repletas, casas lujosas
y sus estómagos llenos,
de su situación se ufanan.
¿Por qué existe tanto miedo
de decir estas verdades?
¿No tiene el mismo derecho
el pobre que el potentado?
¡Ayudemos a los pueblos
sufridos de este planeta!