Inocencia

Kazor

Poeta adicto al portal
Donde están ahora los ríos en los que me bañaba
en cada tarde donde junto a niños jugaba,
no queda nada, de aquella inocencia feliz y pasajera,
donde mirar a una chica no era sinónimo de relaciones prematrimoniales,
donde un beso era ternura y vergüenza a la vez,
donde gritar se convertía en libertad y no tristeza,
llorar era el placer de un juguete impersonal,
y gente mayor nos miraba con caras graciosas.
Ya no queda nada, es triste, pero ya somos mayores,
ahora tememos jugar como antes y reír,
tenemos que ser maduros nos dijo algún filosofo,
y lo único que hacemos es simplemente existir.
No podemos reír sin parecer estupidos por alguna broma,
o dormir junto a una mujer sin hacer nada en la cama,
nos criticarían, como no, por no beber un sábado y
por no haber hecho el amor en un lunes lluvioso.
Por jugar con los peluches nos llaman pequeñines,
gritar al viento es llorar de forma pasajera,
las canas y arrugas inundaran las frentes,
de los pobres que perdieron la palabra inocencia.
Quiero volver a ser niño y no un mayor maduro,
sin los problemas de hoy, ni pensar en mi futuro,
que un caramelo sea la felicidad del día, y
no el pensamiento de con quien yo me acostaría.
Pero es imposible, el reloj manda al tiempo,
y el tiempo deteriora las paredes de los sentimientos,
solo nos queda escribir en un papel sedoso,
tildes y comas que no tienen que fingir en lo hermoso.
Poco podemos hacer, señoras y señores, solo esperar
a la muerte y sus dolores,
pero mientras tanto escribiremos en el cielo las palabras.
Para recordar aquellos tiempos tan hermosos.
 
Donde están ahora los ríos en los que me bañaba
en cada tarde donde junto a niños jugaba,
no queda nada, de aquella inocencia feliz y pasajera,
donde mirar a una chica no era sinónimo de relaciones prematrimoniales,
donde un beso era ternura y vergüenza a la vez,
donde gritar se convertía en libertad y no tristeza,
llorar era el placer de un juguete impersonal,
y gente mayor nos miraba con caras graciosas.
Ya no queda nada, es triste, pero ya somos mayores,
ahora tememos jugar como antes y reír,
tenemos que ser maduros nos dijo algún filosofo,
y lo único que hacemos es simplemente existir.
No podemos reír sin parecer estupidos por alguna broma,
o dormir junto a una mujer sin hacer nada en la cama,
nos criticarían, como no, por no beber un sábado y
por no haber hecho el amor en un lunes lluvioso.
Por jugar con los peluches nos llaman pequeñines,
gritar al viento es llorar de forma pasajera,
las canas y arrugas inundaran las frentes,
de los pobres que perdieron la palabra inocencia.
Quiero volver a ser niño y no un mayor maduro,
sin los problemas de hoy, ni pensar en mi futuro,
que un caramelo sea la felicidad del día, y
no el pensamiento de con quien yo me acostaría.
Pero es imposible, el reloj manda al tiempo,
y el tiempo deteriora las paredes de los sentimientos,
solo nos queda escribir en un papel sedoso,
tildes y comas que no tienen que fingir en lo hermoso.
Poco podemos hacer, señoras y señores, solo esperar
a la muerte y sus dolores,
pero mientras tanto escribiremos en el cielo las palabras.
Para recordar aquellos tiempos tan hermosos.
Tu poema es un tesoro de verdades publicadas, y dentro de todas ellas te diré que hay que batallar contra los que prohíben la niñez, que nadie pueda quitar la alegría de tu rostro. Un abrazo poeta amigo.
 
Donde están ahora los ríos en los que me bañaba
en cada tarde donde junto a niños jugaba,
no queda nada, de aquella inocencia feliz y pasajera,
donde mirar a una chica no era sinónimo de relaciones prematrimoniales,
donde un beso era ternura y vergüenza a la vez,
donde gritar se convertía en libertad y no tristeza,
llorar era el placer de un juguete impersonal,
y gente mayor nos miraba con caras graciosas.
Ya no queda nada, es triste, pero ya somos mayores,
ahora tememos jugar como antes y reír,
tenemos que ser maduros nos dijo algún filosofo,
y lo único que hacemos es simplemente existir.
No podemos reír sin parecer estupidos por alguna broma,
o dormir junto a una mujer sin hacer nada en la cama,
nos criticarían, como no, por no beber un sábado y
por no haber hecho el amor en un lunes lluvioso.
Por jugar con los peluches nos llaman pequeñines,
gritar al viento es llorar de forma pasajera,
las canas y arrugas inundaran las frentes,
de los pobres que perdieron la palabra inocencia.
Quiero volver a ser niño y no un mayor maduro,
sin los problemas de hoy, ni pensar en mi futuro,
que un caramelo sea la felicidad del día, y
no el pensamiento de con quien yo me acostaría.
Pero es imposible, el reloj manda al tiempo,
y el tiempo deteriora las paredes de los sentimientos,
solo nos queda escribir en un papel sedoso,
tildes y comas que no tienen que fingir en lo hermoso.
Poco podemos hacer, señoras y señores, solo esperar
a la muerte y sus dolores,
pero mientras tanto escribiremos en el cielo las palabras.
Para recordar aquellos tiempos tan hermosos.
Hola, si algunas persons se estacionaron en la madurez y dejaron tirada en el tiempo la inocencia, es lindo volver a ser infante y vivir la vida con espontaneidad, disfrutando solo el instante. Saludos y estrellas
¡SONRIE!
 
Usted es joven y tiene un bello corazón de antes, con la nobleza que sobrepasaba las cosas, ahora todo se puede esperar, es triste que se pierda la dulzura del amor en el intento de la evolución

Un gran poema amigo, me ha encantado :)
 
Estampas de la realidad muy bien dibujadas, pero haciendo uso de tu libre alabedrío, no permitas que nada ni nadie, te quite el honor de matener esa integridad de tu alma y que tu niño interior no sea reprimido, es esa la clave que hace la diferencia en este caminar de la vida...un enorme gusto llegara tus bien logrados versos....mis estrellas
 

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