Darkshade
Poeta adicto al portal
Tus caderas hicieron fragua mi destino,
lo quemaron.
Ni siquiera el adiós supo respetar frontera alguna,
como tampoco lo hicieron otras caras, otros pechos, otros muslos.
Encontré vacías cuencas en lugar de ojos,
almas sin refugio que ofrecerle a este ermitaño;
escuché voces que jamás alcanzaron mis oídos,
no tenía nada claro.
Sentí manos impalpables, como de fantasmas,
que nunca me ayudaron a conciliar el sueño.
Traté de refugiar mis besos en los labios de una extraña:
no alcancé más que vacío ronco.
Intenté, y mis sábanas lo saben,
suprimir tu olor con su perfume,
enjaular todos mis espantos y mis sombras
entre sus brazos pero no eran los tuyos.
Le fabricaba, sin embargo, al dolor una mentira,
colocándole la máscara más pura, la más legible, la menos tendenciosa
Y nunca pude, no, quitar jamás de mis poros
la impronta de tu lejana vida;
me fue imposible llevar a cero otra vez la experiencia:
volver a no pecar, por ignorante.
Que ya estoy viejo, lo sé
Y el olvido, no, nunca es bastante.
lo quemaron.
Ni siquiera el adiós supo respetar frontera alguna,
como tampoco lo hicieron otras caras, otros pechos, otros muslos.
Encontré vacías cuencas en lugar de ojos,
almas sin refugio que ofrecerle a este ermitaño;
escuché voces que jamás alcanzaron mis oídos,
no tenía nada claro.
Sentí manos impalpables, como de fantasmas,
que nunca me ayudaron a conciliar el sueño.
Traté de refugiar mis besos en los labios de una extraña:
no alcancé más que vacío ronco.
Intenté, y mis sábanas lo saben,
suprimir tu olor con su perfume,
enjaular todos mis espantos y mis sombras
entre sus brazos pero no eran los tuyos.
Le fabricaba, sin embargo, al dolor una mentira,
colocándole la máscara más pura, la más legible, la menos tendenciosa
Y nunca pude, no, quitar jamás de mis poros
la impronta de tu lejana vida;
me fue imposible llevar a cero otra vez la experiencia:
volver a no pecar, por ignorante.
Que ya estoy viejo, lo sé
Y el olvido, no, nunca es bastante.