En el aberrante lodazal de la violada naturaleza,cigarras en estado de insana putrefacción son alimento asqueroso para los infames hombres sin ojos.Estos sueltan de sus bocas famélicas alaridos de descomunal descomposición,mientras la luna miente como una bellaca al arcano y santo nombre del Redentor,susurrándole al sordo oído mórbidas palabras de excelsa decrepitud sexual.Pues nombre y ser son una misma figura idealizada a la intemperie del atronador firmamento,donde descuellan los serafines con sus alas manchadas del esperma del irreverente Lucifer;el cual,ríe como un niño de espíritu robusto y mirada clareada por el cauce de un río que no hace más que llevar furioso los fragmentos últimos de corazones demacrados.Ante semejante panorama,la noche se funde con el día;en una explosión espectacular que despierta en una estampida demoledora al príncipe de los vanos suicidas;el cual osa profanar la virginal prenda en flor de la primera niña que atrapa sus sanguinarios ojos.