Insomnio
Media noche, sólo escucho las
aspas del ventilador girar a gran
velocidad, el dolor de mi brazo
izquierdo es insoportable al tener
el celular en mi mano.
La luz amarilla del alumbrado público,
lúgubre y lenta entra con disimulo por
la vestidura trémula del aposento
a través de mi ventana, sonríe el
claro oscuro evento de lo hora cero.
Camina lentamente el segundo, tras
el va el minuto más lento todavía y
así se va escapando el tiempo de mis
manos, intento todo, es en vano tratar
de deterlo, el cortejo de imágenes van
pasando.
En un instante la felonía de tu imagen
aparece y con una voz casi indescifrable
dices que yo puedo escribir jajaja sin
sin reír y te amo sin sentirlo, ¿después
que te he amado tanto?
Que irónico llegar a esa simple conclusión
sólo yo sé que no tiene razón, por más
que trato de entender se nubla la mente
y sin compasión tiró fuera de borda, al
mar, la doliente sonrisa de la congoja.
Casi inerte, subyugado por el insomnio que
me ata con cadenas de acero al abrazo
de la cama y que gira junto conmigo en
una misma piel, dejo escapar en esta
danza la humedad transpirada.
Es igual que se moja el corcel cuando va
desbocado, jadeando y con espuraje de
terrible horror en el hocico, pués no sabe
si el laberinto icónico que ve es real.
Goliat
17 de abril 2019
Media noche, sólo escucho las
aspas del ventilador girar a gran
velocidad, el dolor de mi brazo
izquierdo es insoportable al tener
el celular en mi mano.
La luz amarilla del alumbrado público,
lúgubre y lenta entra con disimulo por
la vestidura trémula del aposento
a través de mi ventana, sonríe el
claro oscuro evento de lo hora cero.
Camina lentamente el segundo, tras
el va el minuto más lento todavía y
así se va escapando el tiempo de mis
manos, intento todo, es en vano tratar
de deterlo, el cortejo de imágenes van
pasando.
En un instante la felonía de tu imagen
aparece y con una voz casi indescifrable
dices que yo puedo escribir jajaja sin
sin reír y te amo sin sentirlo, ¿después
que te he amado tanto?
Que irónico llegar a esa simple conclusión
sólo yo sé que no tiene razón, por más
que trato de entender se nubla la mente
y sin compasión tiró fuera de borda, al
mar, la doliente sonrisa de la congoja.
Casi inerte, subyugado por el insomnio que
me ata con cadenas de acero al abrazo
de la cama y que gira junto conmigo en
una misma piel, dejo escapar en esta
danza la humedad transpirada.
Es igual que se moja el corcel cuando va
desbocado, jadeando y con espuraje de
terrible horror en el hocico, pués no sabe
si el laberinto icónico que ve es real.
Goliat
17 de abril 2019