reltih
Poeta que considera el portal su segunda casa
Aquí, tratando de retirar
los últimos pesos
que me quedan
en la cuenta de ahorros,
porque de corriente;
voy al río y la veo pasar.
Y mientras cumplo
con hacer fila,
esto transcurre
como en las escenas
de un velatorio,
en alguna novela
cuadriculada,
esas, donde
la suegra planifica
como dejar
a la viuda (yerna)
en la calle,
o el galán que espera
su turno de pésame
para empezar
a echarle los perros,
y de obvio, pensando
también dejarla en la calle,
o mejor aún ,
los cachones que esperan
un descuido de sus parejas
para ir a la cocina
a echarse un polvito.
¡Detente man!
Después tratas este tema
de la cotidianeidad legal,
vuelve a lo tuyo…
ocúpate de tu maldita mediocridad.
Si, llega una mujer
con aspecto de afán
-claro nunca planifica su vida-
se le olvidó hace días
pagar uno de sus derechos
y ya le cortaron
los servicios médicos
-que se muera su mamá,
su hijo, su marido,
qué le importa esa baina
al ministro de salud.
-¡Hey dejen pasar a la señora
para que pague!
-Grita alguien solidario-,
¡maldita sea!
Otro turno que se me vuela.
Llega un señor muy estirado,
que por tener en todos sus haberes
uno dies mil dólares,
se cree muy adinerado;
está de afán
y quiere que lo atiendan primero
-¡dejen pasar a don tal!
-grita un baboso raspa chaqueta,
cree que el viejo
tiene mucho billete
y que luego lo recompensará
por ser tan generoso-
¡qué billete va a tener!
Si es un pobretón igual que yo,
sólo que sus chiros son mejores.
¡Puta madre este turno
no lo dejo volar, que haga fila!
¡Ni que fuera el presidente!
Y mientras mi iPod
salta de Jimi Hendrix a Dj Krush
o de Wormed a B.B. King;
disfruto con el cotorreo
de las comadres
que están delante de mí;
rajan del prójimo
sin ninguna censura,
sin pelos en la lengua
y lo peor de todo
es que una de ellas
no sabe que su hija
es una prepago
y que ayer me la comí
-hasta barato el polvo-.
Y el setentón que está
tres cuerpos detrás,
él que se alimenta
con caldo de verga de toro,
para no tener
que comprar viagra
-según él-,
él guarda mucha
compostura de decencia,
pero en los adentro
de sus lentes oscuros
brillan sus mas oscuros
deseos por las téticas
de esa quinceañera
que a su lado está,
- voy a ponerme los lentes
para ver si esta baina cambia-.
El maldito iPod
nunca encontró
a Mozart ni a Pavarotti
y ya casi llegando
a la ventanilla
para que me atendieran;
recordé que había dejado
mi documento de identidad...
-ay, ay puto de mierda!,
otro desorganizado, con afán,
chismoso y hasta maricón será.
Copyright © 2009 Derechos Reservados
los últimos pesos
que me quedan
en la cuenta de ahorros,
porque de corriente;
voy al río y la veo pasar.
Y mientras cumplo
con hacer fila,
esto transcurre
como en las escenas
de un velatorio,
en alguna novela
cuadriculada,
esas, donde
la suegra planifica
como dejar
a la viuda (yerna)
en la calle,
o el galán que espera
su turno de pésame
para empezar
a echarle los perros,
y de obvio, pensando
también dejarla en la calle,
o mejor aún ,
los cachones que esperan
un descuido de sus parejas
para ir a la cocina
a echarse un polvito.
¡Detente man!
Después tratas este tema
de la cotidianeidad legal,
vuelve a lo tuyo…
ocúpate de tu maldita mediocridad.
Si, llega una mujer
con aspecto de afán
-claro nunca planifica su vida-
se le olvidó hace días
pagar uno de sus derechos
y ya le cortaron
los servicios médicos
-que se muera su mamá,
su hijo, su marido,
qué le importa esa baina
al ministro de salud.
-¡Hey dejen pasar a la señora
para que pague!
-Grita alguien solidario-,
¡maldita sea!
Otro turno que se me vuela.
Llega un señor muy estirado,
que por tener en todos sus haberes
uno dies mil dólares,
se cree muy adinerado;
está de afán
y quiere que lo atiendan primero
-¡dejen pasar a don tal!
-grita un baboso raspa chaqueta,
cree que el viejo
tiene mucho billete
y que luego lo recompensará
por ser tan generoso-
¡qué billete va a tener!
Si es un pobretón igual que yo,
sólo que sus chiros son mejores.
¡Puta madre este turno
no lo dejo volar, que haga fila!
¡Ni que fuera el presidente!
Y mientras mi iPod
salta de Jimi Hendrix a Dj Krush
o de Wormed a B.B. King;
disfruto con el cotorreo
de las comadres
que están delante de mí;
rajan del prójimo
sin ninguna censura,
sin pelos en la lengua
y lo peor de todo
es que una de ellas
no sabe que su hija
es una prepago
y que ayer me la comí
-hasta barato el polvo-.
Y el setentón que está
tres cuerpos detrás,
él que se alimenta
con caldo de verga de toro,
para no tener
que comprar viagra
-según él-,
él guarda mucha
compostura de decencia,
pero en los adentro
de sus lentes oscuros
brillan sus mas oscuros
deseos por las téticas
de esa quinceañera
que a su lado está,
- voy a ponerme los lentes
para ver si esta baina cambia-.
El maldito iPod
nunca encontró
a Mozart ni a Pavarotti
y ya casi llegando
a la ventanilla
para que me atendieran;
recordé que había dejado
mi documento de identidad...
-ay, ay puto de mierda!,
otro desorganizado, con afán,
chismoso y hasta maricón será.
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