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Aún la luz
se guarda en las vasijas
fuera de las estancias.
Óleo, acuarela y caballete, dentro,
contrastan
con el bordado de mi madre
que al ritmo del tictac —en la pared colgados—
estáticos dialogan.
El viento mueve las persianas
y pillo el rastro de la noche, tibio
y desolado
lamiendo las heridas,
hurgando con inquina en los relojes
su octava campanada.
agosto 23, 2017
Este poema Ligia da esa sensación de apaciguamiento, de esperar y el tiempo encima.
Me gustó mucho leerte.
Abrazos.