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Instantáneas

Eratalia

Con rimas y a lo loco
Estampas del ayer, como instantáneas fotos,
surgiendo a su albedrío sin orden ni concierto;
nostalgias y recuerdos anclados en mi mente:


El patio alicatado con la fuente en el centro,
escaleras de mármol, señorial balaustrada,
pasillo de cristal inundado de sol.

Mi hermana, cariñosa, que me hace el caballito,
yo haciendo payasadas para verla reír.
De camino al colegio, cogidas de la mano,
compartiendo secretos, nuestro mundo interior.


La fila silenciosa, la monja austera y seria:
“Una mano detrás y un dedito en los labios”
El olor de la goma, la pluma estilográfica,
mis zapatos Gorila y mi corbata azul.


Los domingos al monte, a tomar aire puro
el columpio colgado entre dos gruesos pinos,
tortilla de patatas, bacalao con tomate;
vuelta a casa cansada, somnolienta y feliz.


Mi madre y sus costuras, su ganchillo sus lanas,.
Mi padre y sus inventos, su ingenio y su pericia.
Mi hermana y su sonrisa, su protección, sus mimos.


Qué lejos quedan hoy todas esas vivencias,
felicidad perdida que nunca volverá.
 
Última edición:
Estampas del ayer, como instantáneas fotos,
surgiendo a su albedrío sin orden ni concierto;
nostalgias y recuerdos anclados en mi mente:


El patio alicatado con la fuente en el centro,
escaleras de mármol, señorial balaustrada,
alegre galería inundada de sol.

Mi hermana, cariñosa, que me hace el caballito,
yo haciendo payasadas para verla reír.
De camino al colegio, cogidas de la mano,
compartiendo secretos, nuestro mundo interior.


La fila silenciosa, la monja austera y seria:
“Una mano detrás y un dedito en los labios”
El olor de la goma, la pluma estilográfica,
mis zapatos Gorila y mi corbata azul.


Los domingos al monte, a tomar aire puro
el columpio colgado entre dos gruesos pinos,
tortilla de patatas, bacalao con tomate;
vuelta a casa cansada, somnolienta y feliz.


Mi madre y sus costuras, sus lanas, su ganchillo.
Mi padre y sus inventos, su ingenio y su pericia.
Mi hermana y su sonrisa, su protección, sus mimos.


Pero ahora ya no salen sus rostros en las fotos
porque la muerte impía, destino inexorable,
se los llevó consigo ajena a mi dolor.
A pesar de la muerte quedan esas instantáneas como recuerdo.
Y es bonito a pesar del dolor, recordarlas y con estos versos que se piensan en voz alta, tenerlas presente y rendirle en cierto grado, un merecido homenaje.
Su corazón transporta esas vivencias porque han quedado impregnadas para siempre.

Saludos
 
Estampas del ayer, como instantáneas fotos,
surgiendo a su albedrío sin orden ni concierto;
nostalgias y recuerdos anclados en mi mente:


El patio alicatado con la fuente en el centro,
escaleras de mármol, señorial balaustrada,
alegre galería inundada de sol.

Mi hermana, cariñosa, que me hace el caballito,
yo haciendo payasadas para verla reír.
De camino al colegio, cogidas de la mano,
compartiendo secretos, nuestro mundo interior.


La fila silenciosa, la monja austera y seria:
“Una mano detrás y un dedito en los labios”
El olor de la goma, la pluma estilográfica,
mis zapatos Gorila y mi corbata azul.


Los domingos al monte, a tomar aire puro
el columpio colgado entre dos gruesos pinos,
tortilla de patatas, bacalao con tomate;
vuelta a casa cansada, somnolienta y feliz.


Mi madre y sus costuras, sus lanas, su ganchillo.
Mi padre y sus inventos, su ingenio y su pericia.
Mi hermana y su sonrisa, su protección, sus mimos.


Pero ahora ya no salen sus rostros en las fotos
porque la muerte impía, destino inexorable,
se los llevó consigo ajena a mi dolor.
Un mensaje superador que renueva las energías de los hermosos sucesos siempre inolvidables. Un bello poema referido a instancias emocionales que sensibilizan. Saludo amable de Julius 12
 
Estampas del ayer, como instantáneas fotos,
surgiendo a su albedrío sin orden ni concierto;
nostalgias y recuerdos anclados en mi mente:


El patio alicatado con la fuente en el centro,
escaleras de mármol, señorial balaustrada,
alegre galería inundada de sol.

Mi hermana, cariñosa, que me hace el caballito,
yo haciendo payasadas para verla reír.
De camino al colegio, cogidas de la mano,
compartiendo secretos, nuestro mundo interior.


La fila silenciosa, la monja austera y seria:
“Una mano detrás y un dedito en los labios”
El olor de la goma, la pluma estilográfica,
mis zapatos Gorila y mi corbata azul.


Los domingos al monte, a tomar aire puro
el columpio colgado entre dos gruesos pinos,
tortilla de patatas, bacalao con tomate;
vuelta a casa cansada, somnolienta y feliz.


Mi madre y sus costuras, sus lanas, su ganchillo.
Mi padre y sus inventos, su ingenio y su pericia.
Mi hermana y su sonrisa, su protección, sus mimos.


Pero ahora ya no salen sus rostros en las fotos
porque la muerte impía, destino inexorable,
se los llevó consigo ajena a mi dolor.
Vivirán en tanto sigas respirando y quizás un poco más. Un beso, Eratalia.
 
Estampas del ayer, como instantáneas fotos,
surgiendo a su albedrío sin orden ni concierto;
nostalgias y recuerdos anclados en mi mente:


El patio alicatado con la fuente en el centro,
escaleras de mármol, señorial balaustrada,
pasillo de cristal inundado de sol.

Mi hermana, cariñosa, que me hace el caballito,
yo haciendo payasadas para verla reír.
De camino al colegio, cogidas de la mano,
compartiendo secretos, nuestro mundo interior.


La fila silenciosa, la monja austera y seria:
“Una mano detrás y un dedito en los labios”
El olor de la goma, la pluma estilográfica,
mis zapatos Gorila y mi corbata azul.


Los domingos al monte, a tomar aire puro
el columpio colgado entre dos gruesos pinos,
tortilla de patatas, bacalao con tomate;
vuelta a casa cansada, somnolienta y feliz.


Mi madre y sus costuras, sus lanas, su ganchillo.
Mi padre y sus inventos, su ingenio y su pericia.
Mi hermana y su sonrisa, su protección, sus mimos.


Pero ahora ya no salen sus rostros en las fotos
porque la muerte impía, destino inexorable,
se los llevó consigo ajena a mi dolor.
Recuerdos, me encantó. Un gusto leerte.
 
Me hiciste buscar "alicatado" en el diccionario. Pero además, y sobre todo, me transportaste a la nostalgia, ese lugar del alma, como triste y anhelado al mismo tiempo.

¿Porqué será que algunas personas tenemos eso? Porque hay quienes no lo tienen. Al menos no tan intenso.

Por ejemplo mi bisabuelo gallego murió en Argentina de morriña. Y eso no le pasa a todo el mundo. A veces pienso: bueno, murió por amor, por amor a su patria, no es un mal motivo para morir, si al fin de cuentas, morir, todos lo haremos...

Gracias por tus versos, Eratalia. Un fraterno saludo.

Lisandro
 
Me hiciste buscar "alicatado" en el diccionario. Pero además, y sobre todo, me transportaste a la nostalgia, ese lugar del alma, como triste y anhelado al mismo tiempo.
¿Porqué será que algunas personas tenemos eso? Porque hay quienes no lo tienen. Al menos no tan intenso.
Gracias por tus versos, Eratalia. Un fraterno saludo.
Lisandro

Un bonito comentario. Pero ¿crees de verdad que alguien puede no tener nostalgia de nada?
Un saludo cordial y agradecida por la visita.
 
Un bonito comentario. Pero ¿crees de verdad que alguien puede no tener nostalgia de nada?
Un saludo cordial y agradecida por la visita.

Bueno... Conozco personas que, hasta donde puedo saber, no son nostálgicas o, si tal vez lo son, es en ellos algo ínfimo, insignificante.

En cambio conozco también no pocos casos realmente extremos como el que te contaba de mi bisabuelo.

Y yo mismo, sin que la nostalgia me represente un problema, suelo sorprenderme de cómo puede dispararme un notable sentimiento de nostalgia; un suceso mínimo, aparentemente intrascendente, como puede ser por ejemplo encontrar una anotación, un ayuda memoria, de hace un año, y entonces venir a mi mente todo el recuerdo de toda esa circunstancia de hace un año atrás. Circunstancia ínfima, cotidiana, como arreglar la bicicleta de mi hijo, o ir a un pueblo vecino a comprar alguna cosa, o algún otro hecho menor por el estilo.

De hecho, lo de mi bisabuelo no me es para nada ajeno. Yo me he mudado muchas veces, y siempre me ha provocado una profunda nostalgia del lugar anterior. Me mudé de mi región (el Litoral -litoral fluvial, no marítimo-) a esta otra región (la Patagonia Andina) y la nostalgia fue enorme. La mudanza fue puntualmente a un pueblo llamado Aluminé. Viví allí tres años. Pocos meses antes de irme de allí, sin saber que me iría, escribí un par de poemitas de pura nostalgia litoraleña ("Cordillera" y "Sueño azul" -ambos están publicados aquí en Mundo Poesía-).

A los pocos meses, ya sabiendo que me iría de Aluminé, más precisamente un día antes de irme, escribí unos versos de despedida de Aluminé, de pura nostalgia anticipada por Aluminé -te lo estoy contando y me estoy riendo de mí mismo- (a ese poemita lo titulé "Me llevo, Aluminé", pero no lo he publicado aquí, porque es poco más que una copla, de mero sabor local, nombrando cosas del lugar, que para gente de otros lugares no tendría mayor trascendencia; lo que sí hice fue mandarlo a la radio del pueblo esa misma madrugada, y a la mañana el director de la radio lo recitó al aire, bellamente, y con un hermoso fondo musical).

En cambio he conocido mucha gente que se ha mudado muchas veces y ni bien llega a cada lugar, en seguida se entretiene conociendo y disfrutando la gente y las cosas del nuevo lugar, casi como lo haría un turista. Por el contrario yo, parece que para empezar a "disfrutar" el lugar, tengo que dejarlo y extrañarlo, y entonces el único "disfrute" posible es el de dedicarle al lugar un nostálgico poema. Jaja. ¡Es un tango!

Lo que me salva -creo- es que me río de mí mismo. Si no, tal vez, ya estaría muerto de morriña como mi bisabuelo.

Un fraterno saludo, Eratalia, desde el otro lado del mar.

Lisandro
 

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