Teo Moran
Poeta fiel al portal
Se desmoronó la huella indeleble
de los instantes que un día creí míos,
y percibí el olor a salitre en el aire
en aquellos callejones sin nombre,
sobre unas ventanas abiertas
con sus blancas cortinas descorridas,
y mientras camino sin prestar atención
a los números que cuelgan de las puertas,
a aquellos anónimos nombres
que se hacen adalid de los buzones,
sopeso quemar las palabras vacías
sin ningún sentido aparente,
pisar sin apetencia aquellas baldosas
por donde la vida rehuyó de su alma
mas sin prisa se detuvo ante su muerte,
pero aún así no dejé que mi atención
se desviara del callejón angosto,
sé que tras sus anguladas esquinas
quedaré atrapado sin instantes,
y atrás, aquel olor a salitre en el aire
se hará dueño de aquellos versos
que un día no muy lejano creí míos.
de los instantes que un día creí míos,
y percibí el olor a salitre en el aire
en aquellos callejones sin nombre,
sobre unas ventanas abiertas
con sus blancas cortinas descorridas,
y mientras camino sin prestar atención
a los números que cuelgan de las puertas,
a aquellos anónimos nombres
que se hacen adalid de los buzones,
sopeso quemar las palabras vacías
sin ningún sentido aparente,
pisar sin apetencia aquellas baldosas
por donde la vida rehuyó de su alma
mas sin prisa se detuvo ante su muerte,
pero aún así no dejé que mi atención
se desviara del callejón angosto,
sé que tras sus anguladas esquinas
quedaré atrapado sin instantes,
y atrás, aquel olor a salitre en el aire
se hará dueño de aquellos versos
que un día no muy lejano creí míos.