Insterticio VI

abcd

Poeta adicto al portal
Nunca me importaron las rimas,
ni la represión: dos palabras son dos árboles.
Niña, empuñaría un arma, cualquiera, y te mataría.
Con asco, porque odio la sangre y ensuciarme,
pero tu boca, toda tu boca lamería aún ahí muerta, aún ahí medio viva.

Los rubios apuran tus nervios,
te consumes en el tiempo, tanto que ya no te espero.
Hasta el animal más feroz se aburre en el acecho,
hasta los colores de las flores cambian de olor.

Un mal presagio es sentir placer al lastimar el alma,
apagar la llama interior deja el humo en la ventana de los ojos
y uno no piensa, uno no siente, uno dice: el amor es una arruga.
Y se lava los pies, las manos, se sienta a comer, a ver televisión, a escribir sin el tacto del contacto humano.

Al fin, la almohada es un refugio,
y aunque eso de empuñar un arma sea contra uno mismo,
el odio termina por ser un besito en la frente de un mosquito,
o de una mosca llena de alcohol.
 

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