Si por azares del destino encontraste a una mujer que supo besarte, acariciarte y estar contigo, pero ya no queda más, la única llave es el olvido.
Intenta no verla más, escabúllete por otros caminos, toma otras decisiones, otros hobbies, mantén tu mente ocupada. ¡Pero que mierda estoy diciendo! Al mínimo pensamiento, recordaras el susurro del respirar en tu odio, recordaras todo, todo, maldita sea, todo lo vivido.
Corres, si, huye lejos de ella, actúa indiferente, diviértete como nunca, con amigos, mantente acompañado de amores nocturnos. ¡Pero que mierda estoy diciendo! al minio descuido te encontraras solo, y la recordaras a ella. Lo grave no es estar solo, la gravedad es haber estado acompañado y después descubrir que la soledad ahoga.
Embriágate. Esa es la respuesta. Embriágate. Vacía botellas, pierda la razón. Amanece ebrio cada mañana, con resaca, con vomito alado de tu cama. Embriágate, y destruye a tu hígado como Bukowski. ¡Pero que mierda estoy diciendo! Entre menos alcohol haya en la botella, en el menor resquicio de recuerdo que hayas guardado en alguna parte de tu cerebro, ahí, justo ahí la recordaras, y borracho el dolor calara más.
Ódiala. Esa es la instrucción. Recuerda una razón, y si no la hubo, fabrícala. Pero ódiala con todo el corazón, ódiala tanto que su presencia te enoje. Ódiala, que si se cruzan por coincidencia, vea el odio en tus ojos. Odia cada beso, cara caricia, cada recuerdo, cada lugar donde se vieron, escúpele a recuerdo. Imagina un mundo donde su existencia se esfumo de la nada. Que se la trago la tierra. Que se esfumo del presente y del futuro. ¡Pero que carajos! Odio y amor, no puedes separarlos. Ódiala y estará convencida que todavía le quieres, que no le olvidas, que lloraste por ella. Podrás borrarla del presente, del futuro, pero no de tu pasado.
Me declaro incompetente en el tema. Intente explicar cómo olvidar y yo aún no la olvido. El tiempo tampoco será aliado. Tanto tiempo matándolo. Díganme ¿Qué victima ayuda a su asesino?
Intenta no verla más, escabúllete por otros caminos, toma otras decisiones, otros hobbies, mantén tu mente ocupada. ¡Pero que mierda estoy diciendo! Al mínimo pensamiento, recordaras el susurro del respirar en tu odio, recordaras todo, todo, maldita sea, todo lo vivido.
Corres, si, huye lejos de ella, actúa indiferente, diviértete como nunca, con amigos, mantente acompañado de amores nocturnos. ¡Pero que mierda estoy diciendo! al minio descuido te encontraras solo, y la recordaras a ella. Lo grave no es estar solo, la gravedad es haber estado acompañado y después descubrir que la soledad ahoga.
Embriágate. Esa es la respuesta. Embriágate. Vacía botellas, pierda la razón. Amanece ebrio cada mañana, con resaca, con vomito alado de tu cama. Embriágate, y destruye a tu hígado como Bukowski. ¡Pero que mierda estoy diciendo! Entre menos alcohol haya en la botella, en el menor resquicio de recuerdo que hayas guardado en alguna parte de tu cerebro, ahí, justo ahí la recordaras, y borracho el dolor calara más.
Ódiala. Esa es la instrucción. Recuerda una razón, y si no la hubo, fabrícala. Pero ódiala con todo el corazón, ódiala tanto que su presencia te enoje. Ódiala, que si se cruzan por coincidencia, vea el odio en tus ojos. Odia cada beso, cara caricia, cada recuerdo, cada lugar donde se vieron, escúpele a recuerdo. Imagina un mundo donde su existencia se esfumo de la nada. Que se la trago la tierra. Que se esfumo del presente y del futuro. ¡Pero que carajos! Odio y amor, no puedes separarlos. Ódiala y estará convencida que todavía le quieres, que no le olvidas, que lloraste por ella. Podrás borrarla del presente, del futuro, pero no de tu pasado.
Me declaro incompetente en el tema. Intente explicar cómo olvidar y yo aún no la olvido. El tiempo tampoco será aliado. Tanto tiempo matándolo. Díganme ¿Qué victima ayuda a su asesino?
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