Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
(A la altura del tercer peldaño, la memoria es un paraguas que se abre al revés).
No es que falten palabras, es que sobran los huecos entre tus dedos y los míos. Un cronopio olvidó su reloj en el fondo de un vaso de ginebra y ahora el tiempo gotea, tic, tac, ploc, sobre la alfombra que nunca terminamos de comprar.
¿Viste? Verdaderamente viste cómo se deshace el aire cuando alguien dice «mañana» y no hay dónde apoyarlo.
Somos este mosaico de baldosas sueltas, una bandada de frases que no saben aterrizar, fragmentos de un modelo para armar que siempre, siempre, termina sobrando una pieza:
Esa pieza soy yo. O tal vez sea el gato que nos mira desde el otro lado del espejo.
No es que falten palabras, es que sobran los huecos entre tus dedos y los míos. Un cronopio olvidó su reloj en el fondo de un vaso de ginebra y ahora el tiempo gotea, tic, tac, ploc, sobre la alfombra que nunca terminamos de comprar.
¿Viste? Verdaderamente viste cómo se deshace el aire cuando alguien dice «mañana» y no hay dónde apoyarlo.
Somos este mosaico de baldosas sueltas, una bandada de frases que no saben aterrizar, fragmentos de un modelo para armar que siempre, siempre, termina sobrando una pieza:
Esa pieza soy yo. O tal vez sea el gato que nos mira desde el otro lado del espejo.