Evelyn21
Poeta que no puede vivir sin el portal
¿Que mas da si hago esta noche otro vano intento de poesía?
¿Que diría que no haya sido escrito ya, por mí, por otros, por cualquiera?
Solo son versos, pedazos de emociones de aquellos que presos de desesperaciones, amores o esperanzas se dejan seducir por una hoja en blanco.
Qué importa que diga que he llegado a esta noche más que por vida, que lo hice por ironía, que estoy acá contemplando el cadáver de mi exaltada emoción, que agonizaba por días y que al fin se le dio la gana de morir.
Que aun muerta pareciera que respirase, porque su aliento me oprime y me enferma.
De qué sirve confesar algo que insistía tanto en callar.
¡Maldita sea sí que duele la ausencia!
Duele más cuando la acompaña la impaciencia y la duda que se asegura de aguijonear al corazón y la razón, hasta hacer que uno caiga en la locura.
Y sé que estoy loca, loca de sin sabores y melancolías, loca de estas letras frías que se empeñan en aparecer.
No digo nada nuevo, ni nada maravilloso, lo aquí escrito no llega más que a rastrojo, a lamento lastimero, que le dio por tirarse desde las puertas de un alma que ya no sabe trancar nada.
Y es que me doy cuenta que. . .
No soy dueña de mis pasiones, ni de mis pensamientos, mucho menos de mis amores y mis otros sentimientos. Solo soy este empaque donde todo entra y sale, donde se van dejando huellas, donde se marcan las refriegas, donde el que puede va llevándose lo mejor, lo peor, lo sano o lo impuro, o simplemente lo que más le guste y deja dentro lo que más le convenga, o lo que en el camino olvida, sin tenerlo en cuenta.
Igual aun así respiro, respiro esta lacónica, sádica y relamida continuidad, que se empeña en no dejar en paz ni siquiera a mi poca vanidad, se ríe burlona de mí en el espejo, me dice cantante que esta noche al fin del todo he perdido ya el reflejo.
Así que sigo en mi intento de poesía, no sé si continuar triste o evocativa, si recriminar verdugos, si inducir llantos, solo vienen a mi mente insensatos agravios.
¿Pero contra qué?
¿Contra mi propia ingenuidad y mi incapacidad cobarde de reclamar?
¿Contra mi insistencia soñadora, o mi ilusa imaginación?
¿O será más bien a mi empeño idiota de aferrarme a la nada de una sombra?
