eduardocarpio
Poeta adicto al portal
INTERIORES
El agua ronronea
el cielo se ilumina,
nuestras pequeñas cosas
se estrenan primerizas
rojas de vergüenza
con el rubor que anidan
como forma primera
que de agua se bautizan.
El vértigo del giro
cuando tomas medida
es tu recogimiento
en medio la rutina
del llanto o la palabra
¡qué dulce se me inclina
la misma soledad!;
tal vez necesitaba
esta calma sin furia,
esta tierra tranquila
donde me rescataste
de mi tristeza antigua,
aquella que espantaba
al sueño con fatiga.
Y me hiciste capaz
de alcanzar la distancia;
el mar contigo al fondo
y la brisa marina,
todo queda dicho:
lo mejor de mi vida
de nuevo es la esperanza.
Origen en ti misma
bullía la espesura
al sentir tu caricia
en mi piel ya reseca
con tacto suave y justo
te sentía infinita.
Amor de nueva tierra,
en tierra reducido
tan nuestro y singular
que pareciera escrito
para nosotros dos.
En este mundo mío,
nuestro, donde tú habitas,
mi corazón recoge
tu ternura en la mía.
Entre nieblas y nubes
quiso la golondrina
anidar de improviso
tu aliento en mi mejilla.
eduardocarpio
16 de setiembre de 2013
El agua ronronea
el cielo se ilumina,
nuestras pequeñas cosas
se estrenan primerizas
rojas de vergüenza
con el rubor que anidan
como forma primera
que de agua se bautizan.
El vértigo del giro
cuando tomas medida
es tu recogimiento
en medio la rutina
del llanto o la palabra
¡qué dulce se me inclina
la misma soledad!;
tal vez necesitaba
esta calma sin furia,
esta tierra tranquila
donde me rescataste
de mi tristeza antigua,
aquella que espantaba
al sueño con fatiga.
Y me hiciste capaz
de alcanzar la distancia;
el mar contigo al fondo
y la brisa marina,
todo queda dicho:
lo mejor de mi vida
de nuevo es la esperanza.
Origen en ti misma
bullía la espesura
al sentir tu caricia
en mi piel ya reseca
con tacto suave y justo
te sentía infinita.
Amor de nueva tierra,
en tierra reducido
tan nuestro y singular
que pareciera escrito
para nosotros dos.
En este mundo mío,
nuestro, donde tú habitas,
mi corazón recoge
tu ternura en la mía.
Entre nieblas y nubes
quiso la golondrina
anidar de improviso
tu aliento en mi mejilla.
eduardocarpio
16 de setiembre de 2013
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