Évano
Libre, sin dioses.
A lo lejos,
las cumbres de los montes beben la luz del cobre
de la ciudad encadenada a cables de sillas eléctricas
que no veo.
las cumbres de los montes beben la luz del cobre
de la ciudad encadenada a cables de sillas eléctricas
que no veo.
El cielo extraña a este otoño de la no hojarasca,
de cerezos no rojos.
Huele a hollín, a mezcla de rocío
con ropas del invierno de la siempre pana,
madreñas, boinas y ancestro
escoltando a las casas de piedra.
Podría ser una calle,
una cualquiera de las que van
y vienen de la muerte.En ella se posan ojos y hombros caídos.
No son infancias,
ni juventudes.
Observo, y observa lo viejo, cómo algunos compran,
cansados,
lo indispensable para mantener a eso
que todavía llaman vivir.
Las paradas del mercado de la feria mensual
venden a las puertas del último adiós.
Las palabras cansinas de los corros formados
en los soles y sombras
caen
como las estaciones de los años cayeron.
He comprado una lechuga y cuatro tomatescomo las estaciones de los años cayeron.
y me alejo,
(después de haber pisado un rato mi futuro)
a la aldea construida por mi adentro
—un paisaje recreado por mi ingenuo interior—.
"¿Qué habrá ahora en su lugar?
¿Esto, lo que cuento y verso:
carreteras de silencio negro formándose
en la oscuridad de mis adentros?"
Yazco solo en este valle angosto de verdes humedades,(después de haber pisado un rato mi futuro)
a la aldea construida por mi adentro
—un paisaje recreado por mi ingenuo interior—.
"¿Qué habrá ahora en su lugar?
¿Esto, lo que cuento y verso:
carreteras de silencio negro formándose
en la oscuridad de mis adentros?"
a la espera
de esa calle o carretera que me encuentre o se forme adentro,
otra de las tantas que van
y vienende
y para la muerte.
Última edición: