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Intermutualismo

Tema en 'Prosa: Generales' comenzado por Armando Gómez, 8 de Enero de 2020. Respuestas: 1 | Visitas: 52

  1. Armando Gómez

    Armando Gómez Poeta recién llegado

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    Intermutualismo


    Llegó golpeado, embriagado de rencor, tomó su leche y se fue a dormir, tuvo pesadillas de su pasado que deshilacha hilos narrativos y enhebra sentimientos puros que se van paulatinamente de la mente y quedan solo en el corazón, a veces en el hígado.

    Algunos lo llaman "El Nocturno", otros lo llaman "Oscuro", sin embargo, el jamás maúlla una pista y entre risas refuta cada apodo, aunque en ocasionales ronroneos parafrasea su nombre, sólo él lo comprende, mas argumentan que un can posteriormente a su postremo ladrido en vano, le atendió designarse Leónidas.

    Su actitud serena y cínica, le daban ese tono misterioso que paradójicamente detallan su forma de vida desinhibida. Estamos ante una especie ajena de lo que los humanos consideran felino.

    Ascendía al tejado cada ocaso, perplejo con la inmensidad del atardecer que como una especie de proyector, ilustraba su vida de cachorro, y cuál sí fuese un parpadeo pasó del mismo poniente colorido, a la más trágica penumbra, esa rutina de ejercicios esquizofrénicos le daban ese físico cansado, tosco y deprimido, con un tono lúcido y de genialidad al andar, que en noches bohemias le traían varias mininas admiradoras de balcones burgueses y conflictos con los callejeros gatos que parecían fueron acariciados por el mismo Al Capone en sus mejores galas.

    Ese recorrido mental atravesado entre veloces recuerdos, preguntas existenciales asfixiantes, y crisis paranoicas, empezó como obligación después fue placer, ahora es rutina.

    Viajo mucho, mi bandada viene cada tanto a estas costas y por nuestro fanatismo por los peces de esta zona nos quedamos una buena temporada. Un día de mala pesca, masticando mi frustración me fui volando hacia un norte sin destino, agitado por la jornada me dejé llevar por las corrientes de aire de estos lares, y caí en el tejado de una terraza de esas donde los humanos alardean de sus actividades sociales, me puse a cantar para ver si mis canciones daban algún indicio de cualquier pajarillo local, me puse a descansar unas tres melodías, sin percatarme del depredador que en mis espaldas debió rotar su áspera lengua en varias ocasiones.

    Cuando mi instinto despertó del recuerdo del fracaso en los mares, gire para ver, y me saludó un gato negro de aspecto raro, pero con una amabilidad de esas que se distinguen por el desinterés de generar una buena impresión, y más por la búsqueda extraña del contacto individual de alguien que se limita a si mismo y que cada interacción es una oportunidad para conocer algo nuevo ya sea interesante o no, pero un aprendizaje al fin.

    Me preguntó por mis gustos, actividades, intereses, y cuestionó cada una de mis respuestas, pero sin esa intención tan ambigua de juzgar o de establecer una relación de acuerdo a las preferencias del que interroga. A mis preguntas respondía de forma clara y concisa, donde la forma de evitar parecer complicado y establecer una conversación lo más sencilla y sincera era su primordial intención, tan casual y cómoda que parecía que se estaba lamiendo, es más, lo hacía mientras maullaba.

    En mi mente que estaba contenta y expectante recordaba con repulsión a cómo mi especie se dirigía a las conversaciones con las imponentes Águilas, donde exaltar sus hazañas con un tono alegre y audaz, me parecía hipócrita, pues siempre regresaban a sus anécdotas, como tema principal y casi único de la conversación, o los Halcones burlándose de todas las formas de cazar, y esa búsqueda de dejar en claro que ellos son superiores, añadiendo esa vocalización amarga cuando critican la forma de vivir en sociedad de nuestro grupo, hacían que este tipo contrario a su especie felina, donde las quejas a su forma de vida despreocupada, escondía siempre la demarcación de su comodidad y el alarde de vivir como un monarca que vive entre oro, pero sube los impuestos cuando puede.

    Él era lo que no quería aparentar, diferente, raro, este individuo sólo le interesaba ser simple, hacía esfuerzos constantes por hablar sin rodeos, sin doble sentido ni dobles morales, intentaba conocer sin juzgar y no importaba quien o que seas, sino la interacción y la creación de información mutua clara y desnuda, que por sus cicatrices esto le trajo una que otra pelea, las cuales cuenta como si fueran algo natural, y sin ningún odio hacia nadie, el odio por su aspecto para dirigirlo así mismo, como si él quisiera verdaderamente dirigir su mala suerte de gato negro a él y no dañar a nadie. Ya me convenció, es muy raro este gato, de verdad que sí.

    Me fui silbando con sonatas felinas, y contento de conocer a alguien así, en definitiva, volveré, el gato no me dijo su nombre fue su requisito para seguir hablando con él, así que fui en busca de alguien que supiera de este tipo tan decadente y tan fascinante a la vez.

    Me dirigí con el Búho del pueblo, la típica ave envejecida y delirante famosa en cada lugar, con una sabiduría de esas que, aunque te digan una tontería podrías hacer una escuela filosófica sólo por como lo dice. El Búho con su habla lenta, me contó una historia con palabras complicadas y metáforas que mi vida de viajero se ahorra entre las aventuras por venir, pero en medio de la misma me atrapó con una narración un poco inentendible sobre el sujeto que acababa de conocer, muy compleja a mi entender, aunque gracias a mi gran memoria aventurera pude recordar que empieza algo así.

    Llegó golpeado, embriagado de rencor, tomó su leche y se fue a dormir, tuvo pesadillas de su pasado que deshilacha hilos narrativos y enhebra sentimientos puros que se van paulatinamente de la mente y quedan solo en el corazón, a veces en el hígado.

    Y entre su historia y sus delirios seniles, recordé...
    ¿Cómo se comunica un gato una gaviota?
     
    #1
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  2. Maramin

    Maramin Moderador Global Miembro del Equipo Moderador Global Corrector/a

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    Una excelente redacción para compartir unrelato surrealista muy interesante.

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    #2

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