Quizás Dios, cuando creó al mundo,
se olvido de mí
o quizás será que Dios no existe,
que la pena y la amargura
son la vida misma
nuestra razón de ser.
Tal vez esté lejos de la realidad,
hurgando en un mundo ficticio
peleando con las sombras de mi alma
ya marchita de nadar
en contra de una corriente
que siempre me arrastra
al mismo lugar.
Quizás de donde yo vengo
todo lo que veo era de otra forma
que el amor y el odio convivían en paz,
que existía la sinceridad,
la ternura y la armonía,
la calma que hoy tanto ansío.
Quizás yo no sea el indicado
para asumir las responsabilidades
que me han dado,
para ser una perfecta imitación,
un prototipo idealizado,
del Dios en el que todos creen;
sólo quiero ser un individuo común
como aquellos que disfrutan las vanalidades
que se encierran en la vida y en la muerte.
Quizás deba pisar el suelo
no ser más el Angel que te cuida;
tal vez deba pecar,
probar el fruto prohibido del placer,
caer en el vicio cotidiano
de reír y de llorar.
Quizás soy menos de lo que todos esperaban
y no sea la salvación para la humanidad,
quizás no quiera desperdiciar más el tiempo
buscando una razón de ser;
sólo quiero sentir que la felicidad es palpable
y que todos la podemos alcanzar
sin dar nada a cambio.
Quizás la vida sea más sencilla de lo que yo pienso
y los quehaceres mundanos sean la llave de acceso
al mundo que sólo existe en mis sueños rotos
que te describen como quien me cuida de las lluvias,
de la agonía involuntaria,
que todo ser humano mantiene escondida
en lo más profundo de su alma.
Quizás no esté en mí la respuesta
al origen del universo,
quizás sólo sea un ensayo
para engendrar seres perfectos;
quizás sólo sea una ínfima parte de la vida
y no el centro de la vida;
quizás seas tú quién tenga las respuestas
pero tu egoísmo es tal
que ansías dominarme, verme contra la pared,
derrotado en una guerra que, desde el principio,
ya estaba perdida.
Quizás seas el agua que a diario bebo,
la adicción a comer y a dormir
y yo sólo quiera descansar en tus rodillas
sintiendo el calor de otro cuerpo,
palpando la ternura en una caricia,
saber lo que significa sufrir
por el amor de una mujer.
Quizás sea mejor no pensar más
y actuar como todos actúan
conformarme con las cosas sencillas que se encierran
en el círculo vicioso de la vida,
en los siete colores del Arcoiris,
en las tareas que ya tenía asignadas
mucho antes de nacer.
Quizás deba aceptar los "10 Mandamientos",
amoldarme a alguna religión,
aferrarme a normas sin sentido,
aprender a resignarme y a decir adiós,
vivir en un callejón oscuro
mendigando compasión a rostros desconocidos,
errando e hiriendo
a todos aquellos que me importan
y que sin querer me hirieron,
me compraron y luego...
me vendieron.
Quizás deba callarme
dejar todo como está
no aspirar algo más de la vida,
vivir como todos los demás,
morir como todos los demás;
experimentar tu indiferencia
asimilando el dolor,
renunciando al placer...
y al amor.
se olvido de mí
o quizás será que Dios no existe,
que la pena y la amargura
son la vida misma
nuestra razón de ser.
Tal vez esté lejos de la realidad,
hurgando en un mundo ficticio
peleando con las sombras de mi alma
ya marchita de nadar
en contra de una corriente
que siempre me arrastra
al mismo lugar.
Quizás de donde yo vengo
todo lo que veo era de otra forma
que el amor y el odio convivían en paz,
que existía la sinceridad,
la ternura y la armonía,
la calma que hoy tanto ansío.
Quizás yo no sea el indicado
para asumir las responsabilidades
que me han dado,
para ser una perfecta imitación,
un prototipo idealizado,
del Dios en el que todos creen;
sólo quiero ser un individuo común
como aquellos que disfrutan las vanalidades
que se encierran en la vida y en la muerte.
Quizás deba pisar el suelo
no ser más el Angel que te cuida;
tal vez deba pecar,
probar el fruto prohibido del placer,
caer en el vicio cotidiano
de reír y de llorar.
Quizás soy menos de lo que todos esperaban
y no sea la salvación para la humanidad,
quizás no quiera desperdiciar más el tiempo
buscando una razón de ser;
sólo quiero sentir que la felicidad es palpable
y que todos la podemos alcanzar
sin dar nada a cambio.
Quizás la vida sea más sencilla de lo que yo pienso
y los quehaceres mundanos sean la llave de acceso
al mundo que sólo existe en mis sueños rotos
que te describen como quien me cuida de las lluvias,
de la agonía involuntaria,
que todo ser humano mantiene escondida
en lo más profundo de su alma.
Quizás no esté en mí la respuesta
al origen del universo,
quizás sólo sea un ensayo
para engendrar seres perfectos;
quizás sólo sea una ínfima parte de la vida
y no el centro de la vida;
quizás seas tú quién tenga las respuestas
pero tu egoísmo es tal
que ansías dominarme, verme contra la pared,
derrotado en una guerra que, desde el principio,
ya estaba perdida.
Quizás seas el agua que a diario bebo,
la adicción a comer y a dormir
y yo sólo quiera descansar en tus rodillas
sintiendo el calor de otro cuerpo,
palpando la ternura en una caricia,
saber lo que significa sufrir
por el amor de una mujer.
Quizás sea mejor no pensar más
y actuar como todos actúan
conformarme con las cosas sencillas que se encierran
en el círculo vicioso de la vida,
en los siete colores del Arcoiris,
en las tareas que ya tenía asignadas
mucho antes de nacer.
Quizás deba aceptar los "10 Mandamientos",
amoldarme a alguna religión,
aferrarme a normas sin sentido,
aprender a resignarme y a decir adiós,
vivir en un callejón oscuro
mendigando compasión a rostros desconocidos,
errando e hiriendo
a todos aquellos que me importan
y que sin querer me hirieron,
me compraron y luego...
me vendieron.
Quizás deba callarme
dejar todo como está
no aspirar algo más de la vida,
vivir como todos los demás,
morir como todos los demás;
experimentar tu indiferencia
asimilando el dolor,
renunciando al placer...
y al amor.