Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Anoté todo, créeme.
La vez que me miraste como si yo fuera domingo.
La vez que lloraste y no supe qué hacer con tus lágrimas,
así que las dejé caer sobre mi café.
La vez que hicimos el amor sin ganas
y aún así nos aferramos como dos náufragos que no saben nadar.
Esto es un inventario, sí.
Uno que no sirve para auditoría,
porque el amor no paga impuestos,
pero deja deudas.
Tengo guardadas tus ausencias en sobres rotulados,
tus mentiras pequeñas en cajitas de cartón,
y tus silencios en frascos de vidrio
que rompo cada vez que me dueles.
Este amor se desangra lento,
no hace escándalo,
no llama la atención.
Es una herida interna,
una fuga invisible
que me deja vacío sin que nadie lo note.
Y aun así —maldita sea—
te sigo escribiendo.
La vez que me miraste como si yo fuera domingo.
La vez que lloraste y no supe qué hacer con tus lágrimas,
así que las dejé caer sobre mi café.
La vez que hicimos el amor sin ganas
y aún así nos aferramos como dos náufragos que no saben nadar.
Esto es un inventario, sí.
Uno que no sirve para auditoría,
porque el amor no paga impuestos,
pero deja deudas.
Tengo guardadas tus ausencias en sobres rotulados,
tus mentiras pequeñas en cajitas de cartón,
y tus silencios en frascos de vidrio
que rompo cada vez que me dueles.
Este amor se desangra lento,
no hace escándalo,
no llama la atención.
Es una herida interna,
una fuga invisible
que me deja vacío sin que nadie lo note.
Y aun así —maldita sea—
te sigo escribiendo.