Invisible dueño

María Baena

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Miembro del equipo
Miembro del JURADO DE LA MUSA
¡Quién eres!

que te infundes en mi sangre,

por mi alma deambulas

y cada mañana,

como el mayor de los regalos,

me regalas la alegría de contemplar

la belleza más pequeña de mis plantas.

Cómo hacer

para cambiar mi cara

y tatuarme una sonrisa

cuando miro a los que quiero

saltando a mi boca

lo que en mi corazón salta.

¡Tan pequeño eres

que te cuelas en todas las almas

y desde ellas me miras

avivando mi mirada!

haciendo que disfrute

con todos los cantos

que la vida me canta.

Déjame verte

mariposa alada,

sueño de mis noches

caricia tenue.

Déjame que sienta

tu espíritu rojo

como una brasa

en medio de mi vientre.

Déjame que atrape

tu aliento fugaz

que todo lo aclara

y me llena de paz

cada mañana.
 
¡Quién eres!

que te infundes en mi sangre,

por mi alma deambulas

y cada mañana,

como el mayor de los regalos,

me regalas la alegría de contemplar

la belleza más pequeña de mis plantas.

Cómo hacer

para cambiar mi cara

y tatuarme una sonrisa

cuando miro a los que quiero

saltando a mi boca

lo que en mi corazón salta.

¡Tan pequeño eres

que te cuelas en todas las almas

y desde ellas me miras

avivando mi mirada!

haciendo que disfrute

con todos los cantos

que la vida me canta.

Déjame verte

mariposa alada,

sueño de mis noches

caricia tenue.

Déjame que sienta

tu espíritu rojo

como una brasa

en medio de mi vientre.

Déjame que atrape

tu aliento fugaz

que todo lo aclara

y me llena de paz

cada mañana.
Qué hermoso y sensible poema ..me alegro haberte leído María, un afectuoso abrazo
 
¡Quién eres!

que te infundes en mi sangre,

por mi alma deambulas

y cada mañana,

como el mayor de los regalos,

me regalas la alegría de contemplar

la belleza más pequeña de mis plantas.

Cómo hacer

para cambiar mi cara

y tatuarme una sonrisa

cuando miro a los que quiero

saltando a mi boca

lo que en mi corazón salta.

¡Tan pequeño eres

que te cuelas en todas las almas

y desde ellas me miras

avivando mi mirada!

haciendo que disfrute

con todos los cantos

que la vida me canta.

Déjame verte

mariposa alada,

sueño de mis noches

caricia tenue.

Déjame que sienta

tu espíritu rojo

como una brasa

en medio de mi vientre.

Déjame que atrape

tu aliento fugaz

que todo lo aclara

y me llena de paz

cada mañana.
La nostalgia a veces nos acoge, saludos bella
 
Me parece ver mariposas que alegres vuelan de flor en flor, trinares que se cuelan en las almas,
haciendo que tu vida se conmueva y se solace, al ver el fúlgido sol y sentir la brisa mañanera.
Un placer leerte amiga María.
Saludos cordiales.
Matilde
 

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