¡Mira mis manos!,
¡míralas!, ¡si, llenas de nada!,
esa nada que fue todo en su momento
pero que insaciable agotaste
para dejarlas acariciando el viento.
Ahora, mira el cielo,
¡dime! ¿que ves de diferente en el?,
¡nada verdad!,
pues es esa misma nada
la que reboza en mi pecho
y hace alero a este destrozado corazón.
¡Apócrifo tu amor!,
¡asesina de ilusiones!
¡maraña de farsas!
¡arpía disfrazada de Venus!
¡diosa de la perfidia!
¡Toma esa nada!
¡llévatela lo más lejos!,
hazla tu carga
y en tu argüir
ten presente que la distancia,
dulce castigo para esta afrenta,
es de mi para ti
insignificante condena.
No quiero volver a verte,
sería garrafal error de tu parte
pues esta nada que ahora te llevas,
en dura vendetta,
a costa entera usaría
para cobrar una a una esta afrenta.
¡Vete! ¡déjame!
pues necesito el espacio,
espacio para esta ira,
el que ahora ocupa toda esta nada,
causada por tu amor de mentira,
Sibelius.
¡míralas!, ¡si, llenas de nada!,
esa nada que fue todo en su momento
pero que insaciable agotaste
para dejarlas acariciando el viento.
Ahora, mira el cielo,
¡dime! ¿que ves de diferente en el?,
¡nada verdad!,
pues es esa misma nada
la que reboza en mi pecho
y hace alero a este destrozado corazón.
¡Apócrifo tu amor!,
¡asesina de ilusiones!
¡maraña de farsas!
¡arpía disfrazada de Venus!
¡diosa de la perfidia!
¡Toma esa nada!
¡llévatela lo más lejos!,
hazla tu carga
y en tu argüir
ten presente que la distancia,
dulce castigo para esta afrenta,
es de mi para ti
insignificante condena.
No quiero volver a verte,
sería garrafal error de tu parte
pues esta nada que ahora te llevas,
en dura vendetta,
a costa entera usaría
para cobrar una a una esta afrenta.
¡Vete! ¡déjame!
pues necesito el espacio,
espacio para esta ira,
el que ahora ocupa toda esta nada,
causada por tu amor de mentira,
Sibelius.