César Guevar
Poeta que considera el portal su segunda casa
No me siento bien. Mi cuerpo se ha revelado hoy. Malestar indescriptible pero que se siente, dolor, la cabeza negada a pertenecer al cuerpo y una especie de anestesia extraña
con un poco de mareo.
Y en medio de eso la voy perdiendo. A ella. Está lejos. Como a varios mundos y dimensiones de mí. Siempre lo estuvo. Nos conocimos a través del inextricable lenguaje de la poesía que, sarcástico, todo lo hace posible (al menos en la fantasía).
La voy perdiendo sin poder hacer nada. Lentamente se difumina con un adiós tácito e indecidido (debería decir indeciso pero no es un adiós indeciso, sino indecidido; hay palabras que no existen cuando hacen falta). Un adiós que no se ve, que no se dice. Ocurre. Solo ocurre.
Escribo en medio de demonios pequeños como leves dinosaurios carnívoros para los cuales solo soy comida potencial. Ahí están, tratando de obtener cada uno su tajada. ¿Vomitaré esta vez? Desespera esta gana inconclusa. Estas letras se recomponen a sí mismas a pesar de varias muertes ambulantes y cercanas.
Casi no me habla. No tengo lo que ella quiere, necesita, implora de la vida, reclama, exige, busca y lucha a brazo partido por. Me quiere, lo sé, pero más debe quererse a sí misma. A veces uno se encuentra sumergido en arenas movedizas, pantanos que inmovilizan. Ya no funcionan las cosas que antes funcionaron. No bastan. No conducen a ninguna parte o conducen a lugares donde los dos no quieren llegar. Las viejas palabras, viejas acciones, no alcanzan.
Se va. Se va difuminando como se van los días perdiendo en el vacío de la noche y como se va la vida diluyendo en la nada de la quieta muerte. Se va.
A mí
Me queda todavía su imagen. La amargura de haber vivido a destiempo, de serme imposible arrancar las capazones que la vida implanta en los hechos y en las almas. Me queda su risa musical llena de jolgorio y vida en los oídos, su risa que arranca de mi adentro lágrimas rotas y sonrisas imperceptibles tristes. Me queda la constancia de su vitalidad cristalina, encendida, sincera, abrazada a los bellos ideales.
Se va, y yo debo dejar que se vaya. No quiero, pero debo, debo. En medio de este malestar físico tanta nostalgia. Jajajajaja. La vida
Mes de julio, lluvia y la vida... 2014 - César Guevar
Y en medio de eso la voy perdiendo. A ella. Está lejos. Como a varios mundos y dimensiones de mí. Siempre lo estuvo. Nos conocimos a través del inextricable lenguaje de la poesía que, sarcástico, todo lo hace posible (al menos en la fantasía).
La voy perdiendo sin poder hacer nada. Lentamente se difumina con un adiós tácito e indecidido (debería decir indeciso pero no es un adiós indeciso, sino indecidido; hay palabras que no existen cuando hacen falta). Un adiós que no se ve, que no se dice. Ocurre. Solo ocurre.
Escribo en medio de demonios pequeños como leves dinosaurios carnívoros para los cuales solo soy comida potencial. Ahí están, tratando de obtener cada uno su tajada. ¿Vomitaré esta vez? Desespera esta gana inconclusa. Estas letras se recomponen a sí mismas a pesar de varias muertes ambulantes y cercanas.
Casi no me habla. No tengo lo que ella quiere, necesita, implora de la vida, reclama, exige, busca y lucha a brazo partido por. Me quiere, lo sé, pero más debe quererse a sí misma. A veces uno se encuentra sumergido en arenas movedizas, pantanos que inmovilizan. Ya no funcionan las cosas que antes funcionaron. No bastan. No conducen a ninguna parte o conducen a lugares donde los dos no quieren llegar. Las viejas palabras, viejas acciones, no alcanzan.
Se va. Se va difuminando como se van los días perdiendo en el vacío de la noche y como se va la vida diluyendo en la nada de la quieta muerte. Se va.
A mí
Me queda todavía su imagen. La amargura de haber vivido a destiempo, de serme imposible arrancar las capazones que la vida implanta en los hechos y en las almas. Me queda su risa musical llena de jolgorio y vida en los oídos, su risa que arranca de mi adentro lágrimas rotas y sonrisas imperceptibles tristes. Me queda la constancia de su vitalidad cristalina, encendida, sincera, abrazada a los bellos ideales.
Se va, y yo debo dejar que se vaya. No quiero, pero debo, debo. En medio de este malestar físico tanta nostalgia. Jajajajaja. La vida
Mes de julio, lluvia y la vida... 2014 - César Guevar