Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
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He leído, pecado de mis sueños, algunos de los poemas que te he escrito y que, por no creerlos maduros, jamás te he enviado.
He leído en ellos pan y me ha llegado a la nariz el aroma de tu cabello esa tarde en la que te dormiste en mis brazos.
He descubierto que escribo mucho de la luna y cierro los ojos y la veo y te veo y te siento a una cuarta de mi mano y comprendo la ironía de tenerte en mi corazón como a ella, tan cerca y tal lejana.
He leído que en esos versos que se duermen en el cuaderno hablo poco de Dios, y para qué, para qué hablar, para qué escribir de Él si te llevo en el pecho, a flor de labios en el rezo, en el credo y en la fe y sé que algún día lo retaré para que vuelvas, para que regreses a marcar tus huellas por mis pasos, a desvelarte al lado de mis sueños y que Él, distraído como es, lo más seguro es que me ignore o que en una de sus bromas me mande el olvido eterno y así sea el final de ésta historia.
Creo que te gustará saber que jamás, y esto es muy cierto, escribo tu nombre; aún lo guardo para mí, para mis adentros, para mis maravillas y fantasías, para que cuando te tenga de nuevo al alcance de mirada sepas que lo he cuidado y cuando te lo susurre, cuando te lo cante al oído, te sepa fresco y te suene completamente diferente como habrá sonado en los otros labios que te hayan jurado que te han amado.
No logro, por más que leo y lo intento, perderme entre esos versos, no logro encontrar la madurez que se requiere para ser enviados, me suena cursis, me saben inmaduros, huelen a papel y lápiz, pero creo también, que ésta forma de leer éste poemario tienen un buen argumento para soñarte de nuevo esta noche.
Due 30.04.12 En una tarde en la que no hay nada más que hacer que recordarte.
Nota 1. Era un tipo tan feo que cuando chupaba un limón, y el limón hacía muecas.
Nota 2 El monstruo le dice a la monstrua: - Vamos a hacer un monstruito, - No puedo, estoy monstruada.
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He leído, pecado de mis sueños, algunos de los poemas que te he escrito y que, por no creerlos maduros, jamás te he enviado.
He leído en ellos pan y me ha llegado a la nariz el aroma de tu cabello esa tarde en la que te dormiste en mis brazos.
He descubierto que escribo mucho de la luna y cierro los ojos y la veo y te veo y te siento a una cuarta de mi mano y comprendo la ironía de tenerte en mi corazón como a ella, tan cerca y tal lejana.
He leído que en esos versos que se duermen en el cuaderno hablo poco de Dios, y para qué, para qué hablar, para qué escribir de Él si te llevo en el pecho, a flor de labios en el rezo, en el credo y en la fe y sé que algún día lo retaré para que vuelvas, para que regreses a marcar tus huellas por mis pasos, a desvelarte al lado de mis sueños y que Él, distraído como es, lo más seguro es que me ignore o que en una de sus bromas me mande el olvido eterno y así sea el final de ésta historia.
Creo que te gustará saber que jamás, y esto es muy cierto, escribo tu nombre; aún lo guardo para mí, para mis adentros, para mis maravillas y fantasías, para que cuando te tenga de nuevo al alcance de mirada sepas que lo he cuidado y cuando te lo susurre, cuando te lo cante al oído, te sepa fresco y te suene completamente diferente como habrá sonado en los otros labios que te hayan jurado que te han amado.
No logro, por más que leo y lo intento, perderme entre esos versos, no logro encontrar la madurez que se requiere para ser enviados, me suena cursis, me saben inmaduros, huelen a papel y lápiz, pero creo también, que ésta forma de leer éste poemario tienen un buen argumento para soñarte de nuevo esta noche.
Due 30.04.12 En una tarde en la que no hay nada más que hacer que recordarte.
Nota 1. Era un tipo tan feo que cuando chupaba un limón, y el limón hacía muecas.
Nota 2 El monstruo le dice a la monstrua: - Vamos a hacer un monstruito, - No puedo, estoy monstruada.
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