BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Sobre mí, enjambres, rosas,
hombres:
arañas mordiéndose en la luna con sus muslos
de seda o abanico. Sobre mi antiguo
cuerpo, lecho fluvial profundo, como agua,
que salpica en la hondonada, como pecho automatizado
que destaca en la bruma innavegable,
produciendo naufragios de lóbulos impracticables.
Oídos, todos ellos. Orejas, todos ellos.
Ojos, pupilas, iris, córneas delatoras, todas
ellas. Miran el jardín abandonado, como grupas
de ascenso, intercaladas. Y no ven
nada, pues nada
hay.
hombres:
arañas mordiéndose en la luna con sus muslos
de seda o abanico. Sobre mi antiguo
cuerpo, lecho fluvial profundo, como agua,
que salpica en la hondonada, como pecho automatizado
que destaca en la bruma innavegable,
produciendo naufragios de lóbulos impracticables.
Oídos, todos ellos. Orejas, todos ellos.
Ojos, pupilas, iris, córneas delatoras, todas
ellas. Miran el jardín abandonado, como grupas
de ascenso, intercaladas. Y no ven
nada, pues nada
hay.