Jardín abandonado-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
Sobre mí, enjambres, rosas,

hombres:

arañas mordiéndose en la luna con sus muslos

de seda o abanico. Sobre mi antiguo

cuerpo, lecho fluvial profundo, como agua,

que salpica en la hondonada, como pecho automatizado

que destaca en la bruma innavegable,

produciendo naufragios de lóbulos impracticables.

Oídos, todos ellos. Orejas, todos ellos.

Ojos, pupilas, iris, córneas delatoras, todas

ellas. Miran el jardín abandonado, como grupas

de ascenso, intercaladas. Y no ven

nada, pues nada

hay.
 
Sobre mí, enjambres, rosas,

hombres:

arañas mordiéndose en la luna con sus muslos

de seda o abanico. Sobre mi antiguo

cuerpo, lecho fluvial profundo, como agua,

que salpica en la hondonada, como pecho automatizado

que destaca en la bruma innavegable,

produciendo naufragios de lóbulos impracticables.

Oídos, todos ellos. Orejas, todos ellos.

Ojos, pupilas, iris, córneas delatoras, todas

ellas. Miran el jardín abandonado, como grupas

de ascenso, intercaladas. Y no ven

nada, pues nada

hay.
Ayyy Ben, la duda existencial pendiendo sobre nuestras cabezas, misterio y arte conjuntado en estas preciosas y profundas letras. Encantada de leerte amigo Ben. Besos con cariño y admiración...muááááackssss...
 
Sobre mí, enjambres, rosas,

hombres:

arañas mordiéndose en la luna con sus muslos

de seda o abanico. Sobre mi antiguo

cuerpo, lecho fluvial profundo, como agua,

que salpica en la hondonada, como pecho automatizado

que destaca en la bruma innavegable,

produciendo naufragios de lóbulos impracticables.

Oídos, todos ellos. Orejas, todos ellos.

Ojos, pupilas, iris, córneas delatoras, todas

ellas. Miran el jardín abandonado, como grupas

de ascenso, intercaladas. Y no ven

nada, pues nada

hay.
es así cuando más lo cuidas más deja de florecer, grato leerte
 
Sobre mí, enjambres, rosas,

hombres:

arañas mordiéndose en la luna con sus muslos

de seda o abanico. Sobre mi antiguo

cuerpo, lecho fluvial profundo, como agua,

que salpica en la hondonada, como pecho automatizado

que destaca en la bruma innavegable,

produciendo naufragios de lóbulos impracticables.

Oídos, todos ellos. Orejas, todos ellos.

Ojos, pupilas, iris, córneas delatoras, todas

ellas. Miran el jardín abandonado, como grupas

de ascenso, intercaladas. Y no ven

nada, pues nada

hay.
Bella metáfora la del jardín abandonado, tu bella escritura se impone de nuevo amigo Ben. Un abrazo. Paco.
 
Sobre mí, enjambres, rosas,

hombres:

arañas mordiéndose en la luna con sus muslos

de seda o abanico. Sobre mi antiguo

cuerpo, lecho fluvial profundo, como agua,

que salpica en la hondonada, como pecho automatizado

que destaca en la bruma innavegable,

produciendo naufragios de lóbulos impracticables.

Oídos, todos ellos. Orejas, todos ellos.

Ojos, pupilas, iris, córneas delatoras, todas

ellas. Miran el jardín abandonado, como grupas

de ascenso, intercaladas. Y no ven

nada, pues nada

hay.
Profundos versos en el analisis de esa existencia que
va descomponiendose hacia la nada. bifurcacion de
sensaciones que declaman una consciente melancolia
vital. excelente. saludos de luzyabsenta
 

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