Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
En la espiral filántropa del hado
-mis pensamientos son incompatibles-
deduje tus palabras,
impuse mi leyenda,
adiviné mis propios desamores,
y mi tripulación se amotinó por escasez de oro
-ese metal indígena como los desvaríos-,
y en ausencia de voz escuché mis silencios.
Fui mensajero ecuestre de los dioses,
sin alcanzar siquiera los estribos,
sin perder tan siquiera los estribos,
mientras el retroceso del lenguaje
me daba caza al pie de la montaña
-identidad secreta que guardan mis poemas-,
la nada conceptual de las pirámides.
Mi culpa y mis pecados, expiados
-nadie es como es, todo parece.
Esta frase aumentando en eufonía.-
,mis credenciales, mudos o imparciales,
en defensa de quien o de quien no
transcurre sin estirpe u orfandad.
Fui paradigma,
arquetipo sin llanto ni sonrisa, el estilo del código,
enigma, laberinto, equívoco, insidioso, alma de cántaro
-todo por el poema inalcanzable donde reposas tú, inerte bocanada-.
Y al final del principio sigo pensando igual:
“Me aprendí hasta tal punto que distingo el delirio ante el payaso.”
Mi historia es bien sencilla.
Nadie me saca ya de mis casillas.
-mis pensamientos son incompatibles-
deduje tus palabras,
impuse mi leyenda,
adiviné mis propios desamores,
y mi tripulación se amotinó por escasez de oro
-ese metal indígena como los desvaríos-,
y en ausencia de voz escuché mis silencios.
Fui mensajero ecuestre de los dioses,
sin alcanzar siquiera los estribos,
sin perder tan siquiera los estribos,
mientras el retroceso del lenguaje
me daba caza al pie de la montaña
-identidad secreta que guardan mis poemas-,
la nada conceptual de las pirámides.
Mi culpa y mis pecados, expiados
-nadie es como es, todo parece.
Esta frase aumentando en eufonía.-
,mis credenciales, mudos o imparciales,
en defensa de quien o de quien no
transcurre sin estirpe u orfandad.
Fui paradigma,
arquetipo sin llanto ni sonrisa, el estilo del código,
enigma, laberinto, equívoco, insidioso, alma de cántaro
-todo por el poema inalcanzable donde reposas tú, inerte bocanada-.
Y al final del principio sigo pensando igual:
“Me aprendí hasta tal punto que distingo el delirio ante el payaso.”
Mi historia es bien sencilla.
Nadie me saca ya de mis casillas.