BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hasta aquí llegaron, vencidos, los labradores.
Armas entregadas, naftalina de despojos:
esa materia ínfima que inflama, vestigios
y sonámbulas maceraciones de espliego,
quizás tomillo. Pertrechos, como ven, elementales.
Su triturado campo marchito, su elevación
de rosal inaudito, y aquella impresión
de objetos taciturnos. El pecho exhibe
su progresión de celajes; encaja, en su celosía,
imperios de antiguo, fundiciones de antaño:
pequeñas florecitas de terciopelo raso,
memorias de agua que resplandecen sobre
el hastío. Allí miré a un cuerpo y a su rosal
de espiral meditabundo. Allí tuve mi precario
equilibrio de espumas y oriundas nieves.
Hasta allí, espejos de niebla fundan las jerarquías
de lo opaco y tenue-.
©
Armas entregadas, naftalina de despojos:
esa materia ínfima que inflama, vestigios
y sonámbulas maceraciones de espliego,
quizás tomillo. Pertrechos, como ven, elementales.
Su triturado campo marchito, su elevación
de rosal inaudito, y aquella impresión
de objetos taciturnos. El pecho exhibe
su progresión de celajes; encaja, en su celosía,
imperios de antiguo, fundiciones de antaño:
pequeñas florecitas de terciopelo raso,
memorias de agua que resplandecen sobre
el hastío. Allí miré a un cuerpo y a su rosal
de espiral meditabundo. Allí tuve mi precario
equilibrio de espumas y oriundas nieves.
Hasta allí, espejos de niebla fundan las jerarquías
de lo opaco y tenue-.
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