Jorge El Negro I

Lírico.

Exp..
Jorge El Negro I

Cantero. Ya no ejerce. Es el estado
quien le mantiene vivo. Ni cincuenta
años. Le duele el cuerpo. Sin trabajo,
se diluye como un litro de cerveza.

Mujer e hijos no están. Sólo sus manos
para soñar con música. Se esmera.
Escribe una canción. Graba un temazo.
Recuerda. Abraza un litro. No regresa.

Tuvo su tiempo; fiesta; mucha coca
cuando todo iba bien. Ahora las calles
son siempre del color de la derrota.

Sus noches son dolor, alcohol, un mar de
tristeza y soledad. Como una soga
al cuello del ahorcado: ya no es nadie.
 
Jorge El Negro I

Cantero. Ya no ejerce. Es el estado
quien le mantiene vivo. Ni cincuenta
años. Le duele el cuerpo. Sin trabajo,
se diluye como un litro de cerveza.

Mujer e hijos no están. Sólo sus manos
para soñar con música. Se esmera.
Escribe una canción. Graba un temazo.
Recuerda. Abraza un litro. No regresa.

Tuvo su tiempo; fiesta; mucha coca
cuando todo iba bien. Ahora las calles
son siempre del color de la derrota.

Sus noches son dolor, alcohol, un mar de
tristeza y soledad. Como una soga
al cuello del ahorcado: ya no es nadie.
Ja, dónde están ahora los que enemigos de las frases cortas? Este trabajo tiene más puntos que el tratado de Versalles. Un placer. Saludos cordiales, Líricodetrito.
 
Así es, compañero.
El vicio representa la huida, por sobre las responsabilidades que tenemos, como hijos del Creador.
Al no asumir dicha congruencia, o coherencia, desobedecemos el mandato de estar presentables.
Y nos convertimos en impresentables. Y eso es chungo, como diría un gitano.
Chungo, chungo... O sea, como el café que hierve durante un minuto entero...
Se quema, y ya, no está bueno.


 
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Jorge El Negro I

Cantero. Ya no ejerce. Es el estado
quien le mantiene vivo. Ni cincuenta
años. Le duele el cuerpo. Sin trabajo,
se diluye como un litro de cerveza.

Mujer e hijos no están. Sólo sus manos
para soñar con música. Se esmera.
Escribe una canción. Graba un temazo.
Recuerda. Abraza un litro. No regresa.

Tuvo su tiempo; fiesta; mucha coca
cuando todo iba bien. Ahora las calles
son siempre del color de la derrota.

Sus noches son dolor, alcohol, un mar de
tristeza y soledad. Como una soga
al cuello del ahorcado: ya no es nadie.
Un desgaste que el tiempo corrobora. El cuerpo definitivamente es un templo y sólo conserva la cosecha de los pasos.
Placer la lectura de este soneto Líricodetrito
Saludos hasta tu espacio
Camelia
 

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