Era tal vez un jueves novelesco
de aquel atardecer desenfrenado;
nuestras niñas desojaron los pétalos,
en el apacible aire de los cuerpos encontrados.
Embalsamados con el ritmo de los conjuros exóticos
desbordamos el cauce de los besos,
deslizándonos en el recorrido amante de los montes
y los bosques pintorescos.
Torbellinos de amores se desatan
Con la comparsa lúgubre del silencio,
las respiraciones aminoran el espacio,
dilatando al tiempo.