Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
JUGUE A LAS TRANSPARENCIAS
Jugué a las transparencias
a transfigurar mi dicha;
aposté las nimias cosas que adrede
limpiaban la vida, aclaraban
los borrascosos instantes.
Troqué la forma de asomarme sediento a los seres
sólo por descubrir su solemnidad de ángeles.
Supuse la alegría en un vallado de brisa vespertina,
despunté a la madrugada más líquida,
perdí la cuenta en que debitaba mis gozos
cuando eran más ciertos
el horror y la desidia.
No me atajaron jamás las condenas
ensañadas con mi historia,
ni la magnificencia de un ejército escalando victorioso
el cielo de la tarde,
llegaron así de improviso estas demencias
que se me antojaron como páginas de un diario
al que escruté con la sapiencia
de un escribano empedernido.
Jugué a las transparencias
a esconder mi dicha,
hallé la luz
al final del fuego.
Jugué a las transparencias
a transfigurar mi dicha;
aposté las nimias cosas que adrede
limpiaban la vida, aclaraban
los borrascosos instantes.
Troqué la forma de asomarme sediento a los seres
sólo por descubrir su solemnidad de ángeles.
Supuse la alegría en un vallado de brisa vespertina,
despunté a la madrugada más líquida,
perdí la cuenta en que debitaba mis gozos
cuando eran más ciertos
el horror y la desidia.
No me atajaron jamás las condenas
ensañadas con mi historia,
ni la magnificencia de un ejército escalando victorioso
el cielo de la tarde,
llegaron así de improviso estas demencias
que se me antojaron como páginas de un diario
al que escruté con la sapiencia
de un escribano empedernido.
Jugué a las transparencias
a esconder mi dicha,
hallé la luz
al final del fuego.
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