Juguemos a hacernos daño, sí, ¡juguemos! Os divertís tanto que también quiero probar. Sí, ¿por qué no? A lo grande, no una simple pillería infantil. Seamos mezquinos y crueles hasta que no haya forma humanamente posible de enmendar nuestros actos.
¡Hagámoslo! Demos libertad absoluta a nuestros rencores más ocultos, esos que hibernan hasta que el calor de una riña les hace salir a la superficie. No esperéis pues y dádmelos todos, no os dejéis ni uno dentro.
Dediquémonos a restarnos proezas los unos a los otros, probemos a olvidar todo lo que hasta ahora hemos vivido juntos y seamos unos completos desconocidos. Sí, así será más fácil mirarnos a los ojos cuando nos arrojemos mierda y porquería.
¡Sí! Sé que os gusta, vuestras sonrisas os delatan, así que no os empeñéis más en fingir que os molesta u os duele. ¡Por favor! Seré toda vuestra.
Me pregunto, ¿cuánto tiempo más seguiréis esperando para avalanzaros sobre mi? ¡Vamos! Comenzad por machacar mis extremidades con todo vuestro odio, amoratadlas y dejadlas inservibles para el resto de mi existencia. Escuchad cómo se rompen mis huesos a cada golpe que me asestais con ira y enfado. Soy vuestro César.
Alcanzad mi corazón con uñas afiladas de venganza y arrancadlo con virulencia. Que chorree, que salpique y que se apaguen sus latidos en vuestros dedos tramposos.
¡No, no, no! No os miréis, ni si quiera penséis. No vayáis en contra de vuestra naturaleza o de vuestros instintos más primitivos.
Seguid hasta que mi sangre brote a través de la carne linchada y alimentad vuestra hipocresía con ella. Impregnaos de su olor a hierro, tomadlo como señal de vuestra victoria y contempladme sufrir.
¡Hagámoslo! Demos libertad absoluta a nuestros rencores más ocultos, esos que hibernan hasta que el calor de una riña les hace salir a la superficie. No esperéis pues y dádmelos todos, no os dejéis ni uno dentro.
Dediquémonos a restarnos proezas los unos a los otros, probemos a olvidar todo lo que hasta ahora hemos vivido juntos y seamos unos completos desconocidos. Sí, así será más fácil mirarnos a los ojos cuando nos arrojemos mierda y porquería.
¡Sí! Sé que os gusta, vuestras sonrisas os delatan, así que no os empeñéis más en fingir que os molesta u os duele. ¡Por favor! Seré toda vuestra.
Me pregunto, ¿cuánto tiempo más seguiréis esperando para avalanzaros sobre mi? ¡Vamos! Comenzad por machacar mis extremidades con todo vuestro odio, amoratadlas y dejadlas inservibles para el resto de mi existencia. Escuchad cómo se rompen mis huesos a cada golpe que me asestais con ira y enfado. Soy vuestro César.
Alcanzad mi corazón con uñas afiladas de venganza y arrancadlo con virulencia. Que chorree, que salpique y que se apaguen sus latidos en vuestros dedos tramposos.
¡No, no, no! No os miréis, ni si quiera penséis. No vayáis en contra de vuestra naturaleza o de vuestros instintos más primitivos.
Seguid hasta que mi sangre brote a través de la carne linchada y alimentad vuestra hipocresía con ella. Impregnaos de su olor a hierro, tomadlo como señal de vuestra victoria y contempladme sufrir.