Ana María Giordano
Poeta que no puede vivir sin el portal
Kainako y Juan Martín...
Vivencia
Se lo llevamos una tarde de sábado con su casita hecha por el abuelo (cucha le llamamos aquí), y cuando lo vio, no sabía que hacer con el babau, como lo llamó...
Nuestro nieto Juan Martín cumplió en diciembre tres años y nos pidió un perro. Siempre había vivido en departamentos en la ciudad y no tenían lugar para compartir con un perrito que tanto anhelaba. Cuando venía a casa jugaba mucho con nuestra perra Ovejera. Ahora que vivían en las sierras, en una casa con patio le dimos el regalo.
Pensamos en una raza que jugara con él, se criaran juntos y se divirtieran mucho, un Labrador de 4 meses.
Mi esposo Luciano cuando lo fuimos a buscar me dijo que ya le había elegido nombre, le pregunté cual era y contestó
_ Después te digo.
Sostiene que los nombres deben ser originales para darles personalidad y que no cualquiera lo pueda llamar y llevárselo.
Cargamos en un trailer la casita, en el auto el perrito y partimos a Río Ceballos.
Le pedí en el viaje, mientras nos tomábamos unos mates que me dijera el nombre, contestó naturalmente
_ KAINAKO
Lo miré y largué una carcajada.
_ ¿Cómo? ¡No lo va poder decir Juanito, es muy difícil para él!
_ ¡Vamos a ver!
Apenas llegamos y se lo dimos lo miró un rato, preguntó varias veces si era de él y luego la alegría lo desbordó; comenzó a saltar, a correr a gritar, cosa que asustó al animalito al principio, luego se sumó a sus travesuras.
Luciano y nuestro hijo acomodaron en un rincón protegido bajo de un Aguaribay, la cucha con su colchoncito, el recipiente del agua y la comida, mientras los protagonistas corrían juntos por todos lados, revolcándose en el césped, dando lamidas uno, tirando la cola, las orejas y riendo mucho, el otro.
Cada tanto se oía: ¡No babau! ¡Salí babau! Lo nombraba así.
Cuando estuvo todo ordenado lo llamamos, llegó corriendo y tras él su perro. Estábamos ansiosos por decirle cual era el nombre y ver lo que pasaba.
Luciano lo levantó en brazos y le habló. Los padres habían preguntado y él se rió y no les contestó:
_ ¡Juan Martín, tu perro se llama K a i n a c o, KAINACO, no babau! Enfatizó A ver, decilo-Kainako repitió
Juan lo miró fijamente con sus ojazos, quedó pensando un rato, dijo para si bajito-Kainako- se bajó, salió corriendo con su mascota gritando a toda voz:
_ ¡Kainako, vení! Corría, saltaba, rodaba y feliz gritaba ¡Kainako vení!...
Y Kainako tras él lo tumbaba, porque ya tenían el mismo tamaño.
No dije una palabra, él me miró y se largó a reír. Mi hijo y nuera preguntaron:
_ ¿Cómo se llama?
_ ¡Kainako!, dijo simplemente.¡¡¡Je, je!!! Todos reímos, ellos agregaron
_ ¿Kai nako? Kainako ¡Es original, nos gusta!
Y fue en ese momento que escuchamos:
_ ¡Kainako salí, es mía!
Se habían metido los dos en la casita y tiraban del colchoncito y un peluche que le habíamos puesto para que juegue.
Asombrada quedé al verlo tan grande y crecido, hablando como un niño mayor, y plena de felicidad por esa bella imagen que me regalaba la vida, corrí a buscar la cámara y tomé la foto que hoy les comparto.
Ana María Di Bert Giordano
Derechos reservados
27/04/2013
