Aisha Baranowska
Poeta que considera el portal su segunda casa
Nadie quiere sentirse inútil en esta vida... Existiendo sin sentido ni propósito, sintiéndose una basura que estorba a todo el mundo, sin tener alguien a quien entregar todo nuestro esfuerzo y todo nuestro ser, sin condiciones, sin límites y sin reservas.
Una mujer puede llegar a amar tanto a un Hombre, que toda ella sentirá una profunda necesidad de servirle y vivir para él; lo adorará como a un dios en la tierra, sintiéndose su propiedad exclusiva, deseando agradarle en todo lo que haga - llena de pasión y reverencia hacia el Dueño de sus sentimientos. Ella lo verá siempre con ojos de esclava; humilde y pequeña ante la grandeza de su Señor a quien le habrá regalado lo más hermoso que hay: la sumisión. La devoción de la mujer al Hombre amado que nace del alma, del corazón, de la médula de su existir - porque ella idolatra a su Hombre, su Héroe, su Amo, su Rey eterno que la va a guiar y proteger, y gozará siempre de su amor, respeto y obediencia. Es porque la mujer que ame así, es capaz de dar todo sin exigir nada, salvo la humilde petición de que el Hombre acepte su ofrenda - siempre y cuando ella encuentre a alguien que la despierte para que ella llegué a reconocer su verdadera naturaleza, sin que le importen las enseñanzas de igualdad entre géneros - porque ella desde pequeña se sentía diferente; siempre anhelando una fuerte figura masculina en su vida, buscando ser de alguien - tanto, como nadie se imagina que sea posible... Siempre había en ella una gran admiración y un enorme respeto hacia los hombres que se comportaban como hombres de verdad - y como siempre le ha llamado la atención el carisma en el ser humano; la valentía, la fuerza, el honor, el carácter poderoso, posesivo y dominante, la inteligencia y sabiduría que reverenciaba desde siempre - la mujer vivía con hambre insaciable de pertenecer a un Hombre que reuna todas esas cualidades, y si tuviera suerte, que también fuese hermoso por fuera...
¡Cómo lo adoraría entonces a un Hombre así...! ¡Cómo lo iba a amar...! ¡Cómo lo iba a respetar...! Lo agradecida que iba a estar si un Hombre así le permitiera ser su esclava y sierva, tan suya... ¡Tan suya...! Cómo lo iba a cuidar, mimar y tratar como se merece, para que el Hombre sepa que ocupa un lugar muy especial en la vida de ella; que toda la vida y el destino de ella desde entonces en adelante dependerán solamente de su voluntad... Cualquier capricho suyo para ella sería una órden - la cual no dudaría en cumplir enseguida, con gratitud y vehemencia de una verdadera esclava, siempre feliz si tiene oportunidad de complacer a su amado Señor...
Ha tenido mucha suerte, de verdad, porque finalmente un Hombre digno, merecedor, se le apareció - y desde que ella lo ama, no hay fuerza que lo saque de su mente y corazón, aunque esté muy lejos de ella... Tarde o temprano, acabará a sus pies, en rendición absoluta, su eterna dicha - y mejor tarde que nunca, pero seguramente, antes de morir, ella tiene que estar ahí, con Él, y demostrarle todo lo que Él significa para ella, sin inhibiciones, sin temor - suya... Completamente...
Porque ella sabe, y lo sabe muy bien, que en la vida de una mujer puede haber muchos enamoramientos - pero sólo un amor verdadero - y ese llega en su debido tiempo, y cuando llega, se queda para siempre, nunca se va esa sensación constante del éxtasis más sublime al pensarlo - esa necesidad desesperada de adorar y servirle a su Amado, con todas las fuerzas de su existencia - y dirigirse a Él siempre con estas palabras: ¡mi Señor, aquí está tu esclava; haz lo que quieras con ella...! ...
[27/08/2014]
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