Oscuro secreto
entre la fronda del bosque,
un tintineo se oía
y los búhos
sus cabezas volvían
ante aquel ruido
de aire melancólico
que poco a poco
se acercaba al lugar
donde en sus ramas,
descansaban.
Una figura de luz azul rodeada,
ligera, pequeña, saltarina,
hizo su aparición,
con pequeños cascabeles
colgando de sendas pulseras
relumbrando de oro
en sus brazos,
delicadamente tostados.
Sus ojos eran del verde
que tiñe la primavera
bajo cejas que eran
como arcos tensados;
su nariz, pequeña y pecosa,
sobre unos labios
que no podían aguantar
una risa llena de desparpajo.
Sus manos agitaba,
hacia arriba,
hacia abajo,
y cuando así lo hacía
siguiendo el ritmo
de sus cascabeles encantados,
una luz fina y celeste,
la iluminaba como un halo.
Sus pies desnudos y ágiles
parecían flotar
dada la sutileza de sus pasos
mientras su cabellera roja,
igual que un fuego fatuo,
se reflejaba en la noche
como la luz de un faro.
Las luciérnagas se acercaron
a la figura luminosa
y en su lengua le preguntaron
quién era,
de dónde surgía
y a que se debía su alegría.
La joven de extraña belleza,
con voz suave
como melodía de nana,
les relató lo que querían.
“Me llamo Katrina
y soy un hada de la floresta.
En lo más profundo
de este bosque
con los míos feliz vivía
hasta que una noche de San Juan
mis ojos posé sobre un joven mortal
que al bosque leña fue a buscar
para su hoguera alimentar".
"Cantaba,
mientras llevaba
a cabo su labor;
no se si fue su apostura
o tal vez su voz,
pero sin saber lo que hacía,
me inundó
por ese desconocido,
un apasionado amor.
Alocada como soy,
ante él
sin precauciones
me presenté.
Él se sobresaltó,
Pero pronto vio
que de mí
no tenía que temer.
Mi naturaleza le cautivó
por lo que me dedicó
palabras de pasión
que me hicieron ilusionarme
como una abeja ante una flor.
Ya no pensé en nada;
sólo buscaba ser
el reflejo de sus ojos
ya que mi vida
le entregaba".
"Así huí de mi familia;
de mi hogar me alejé;
por sus hermosas palabras,
por mi crédula fe.
Pero él me encerró
en una jaula de hierro
de la que escapar
no podía
y como a un perro amaestrado
en las ferias me mostraba
mientras con mi desgracia
sus bolsillos llenaba".
"De mis pupilas brotaron,
por vez primera,
amargas lágrimas,
y deseé morir
para que mi cuerpo
la paz alcanzara.
Pero un día,
un ratón de fuertes
y afilados dientes,
me oyó
y mi pena le llegó
a su diminuto corazón.
Con ahínco,
día a día,
poco a poco,
la cerradura royó
hasta que esta
en un momento dado
se rompió".
"Conseguida mi liberación,
a mi héroe roedor,
agradecida,
un deseo le concedí:
qué fuera donde fuera,
siempre queso
a su alcance encontraría,
que con mucho placer
llenaría su barriga.
Luego, puse distancia
entre mi amante traidor,
y anhelante,
me dirigí hasta aquí.
Esto es todo;
he vuelto al fin,
quizás más sabia
pero sobretodo,
Escarmentada.
Nunca volveré a creer
lo que dicen
las arteras palabras
de mozo aprovechado
que busca llenar su arca”.
Danzando sobre el musgo,
tarareando una canción,
el hada de las flores,
en lo más profundo se perdió
en busca del hogar
del que nunca
alejarse debió
recordando
lo que esta aventura
le enseñó:
Lo que significan
las lágrimas
para una mujer inmortal
atravesada por desamor
que la luna del verano
una noche infortunada,
auspició.
entre la fronda del bosque,
un tintineo se oía
y los búhos
sus cabezas volvían
ante aquel ruido
de aire melancólico
que poco a poco
se acercaba al lugar
donde en sus ramas,
descansaban.
Una figura de luz azul rodeada,
ligera, pequeña, saltarina,
hizo su aparición,
con pequeños cascabeles
colgando de sendas pulseras
relumbrando de oro
en sus brazos,
delicadamente tostados.
Sus ojos eran del verde
que tiñe la primavera
bajo cejas que eran
como arcos tensados;
su nariz, pequeña y pecosa,
sobre unos labios
que no podían aguantar
una risa llena de desparpajo.
Sus manos agitaba,
hacia arriba,
hacia abajo,
y cuando así lo hacía
siguiendo el ritmo
de sus cascabeles encantados,
una luz fina y celeste,
la iluminaba como un halo.
Sus pies desnudos y ágiles
parecían flotar
dada la sutileza de sus pasos
mientras su cabellera roja,
igual que un fuego fatuo,
se reflejaba en la noche
como la luz de un faro.
Las luciérnagas se acercaron
a la figura luminosa
y en su lengua le preguntaron
quién era,
de dónde surgía
y a que se debía su alegría.
La joven de extraña belleza,
con voz suave
como melodía de nana,
les relató lo que querían.
“Me llamo Katrina
y soy un hada de la floresta.
En lo más profundo
de este bosque
con los míos feliz vivía
hasta que una noche de San Juan
mis ojos posé sobre un joven mortal
que al bosque leña fue a buscar
para su hoguera alimentar".
"Cantaba,
mientras llevaba
a cabo su labor;
no se si fue su apostura
o tal vez su voz,
pero sin saber lo que hacía,
me inundó
por ese desconocido,
un apasionado amor.
Alocada como soy,
ante él
sin precauciones
me presenté.
Él se sobresaltó,
Pero pronto vio
que de mí
no tenía que temer.
Mi naturaleza le cautivó
por lo que me dedicó
palabras de pasión
que me hicieron ilusionarme
como una abeja ante una flor.
Ya no pensé en nada;
sólo buscaba ser
el reflejo de sus ojos
ya que mi vida
le entregaba".
"Así huí de mi familia;
de mi hogar me alejé;
por sus hermosas palabras,
por mi crédula fe.
Pero él me encerró
en una jaula de hierro
de la que escapar
no podía
y como a un perro amaestrado
en las ferias me mostraba
mientras con mi desgracia
sus bolsillos llenaba".
"De mis pupilas brotaron,
por vez primera,
amargas lágrimas,
y deseé morir
para que mi cuerpo
la paz alcanzara.
Pero un día,
un ratón de fuertes
y afilados dientes,
me oyó
y mi pena le llegó
a su diminuto corazón.
Con ahínco,
día a día,
poco a poco,
la cerradura royó
hasta que esta
en un momento dado
se rompió".
"Conseguida mi liberación,
a mi héroe roedor,
agradecida,
un deseo le concedí:
qué fuera donde fuera,
siempre queso
a su alcance encontraría,
que con mucho placer
llenaría su barriga.
Luego, puse distancia
entre mi amante traidor,
y anhelante,
me dirigí hasta aquí.
Esto es todo;
he vuelto al fin,
quizás más sabia
pero sobretodo,
Escarmentada.
Nunca volveré a creer
lo que dicen
las arteras palabras
de mozo aprovechado
que busca llenar su arca”.
Danzando sobre el musgo,
tarareando una canción,
el hada de las flores,
en lo más profundo se perdió
en busca del hogar
del que nunca
alejarse debió
recordando
lo que esta aventura
le enseñó:
Lo que significan
las lágrimas
para una mujer inmortal
atravesada por desamor
que la luna del verano
una noche infortunada,
auspició.