Con inigualable preciosidad
tu existencia comenzó,
los astros encandilados
con el esplendor de tu piel
te vieron convertirte en mujer.
Tu hermosura el universo recorrió,
a los confines de la oscuridad
tu agraciada belleza llegó,
al espíritu del mal conquistó,
obnubilado de ti se enamoró.
Joven apuesto se presentó
tu corazón quiso conquistar.
El espíritu del bien lo enfrentó,
luchó por tu honor y cayó
ante avasallante vileza;
y tú, bella Keraná,
trofeo de Taú, el triunfador
que con regocijo a ti se unió.
Sentencia divina,
castigo del creador;
tus siete hijos,
encarnación de las penas
que acechan la humanidad.
Tu vida se desvaneció,
caíste en la tristeza y el dolor.
Lágrimas derramadas
permanecen ancladas
en este suelo,
recordatorio del amor
que en ti existió.
tu existencia comenzó,
los astros encandilados
con el esplendor de tu piel
te vieron convertirte en mujer.
Tu hermosura el universo recorrió,
a los confines de la oscuridad
tu agraciada belleza llegó,
al espíritu del mal conquistó,
obnubilado de ti se enamoró.
Joven apuesto se presentó
tu corazón quiso conquistar.
El espíritu del bien lo enfrentó,
luchó por tu honor y cayó
ante avasallante vileza;
y tú, bella Keraná,
trofeo de Taú, el triunfador
que con regocijo a ti se unió.
Sentencia divina,
castigo del creador;
tus siete hijos,
encarnación de las penas
que acechan la humanidad.
Tu vida se desvaneció,
caíste en la tristeza y el dolor.
Lágrimas derramadas
permanecen ancladas
en este suelo,
recordatorio del amor
que en ti existió.
Soniab
Poesía inspirada en la mitología guaraní