Zurciendo la vieja colcha raída por la usanza, está la abuela en el antiguo porche. Su cabello blanco por la los años vividos, aquellas arrugas que denotan el paso del inquebrantable tiempo, tranquila, calmada, esperando al nieto a la vuelta de la esquina, mientras zurce con un dedal en su dedo medio y en la otra mano, la aguja, agarrando el filo de la vieja colcha, doblando la orilla para recoser el ruedo...
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