La alberca

María Baena

Miembro del Jurado
Miembro del equipo
Miembro del JURADO DE LA MUSA
Suena el silencio en mis oídos,

de mis ojos la fiebre brota

y toco apenas la pesada luz

que en el suelo se derrama

lenta e invasora.


Pinta a rayas el cuarto

de naranja y azul

saltando boca abajo en el techo

todo insensato

que a la hora de la siesta

atraviesa la calle

colándose su sombra en mi cuarto.


El sueño me atrapó

en su red traidora

revolviéndome la conciencia,

al tiempo que en la alberca

saltaban los chiquillos alborotados

como si fuera una gran fiesta.


Se coló también la humedad caliente en mi cuarto

haciéndome salir al agua de la calle,

y un bofetón de luz

saltó sobre mí enredándome los ojos

en una ola inmensa,

en un manto de flama.


Las sombras estaban de pié

ya para toda la tarde.


El agua de la alberca

crujía incesante

saliendo despavorida de su atadura

para colarse en la grama verde

y hacerse pequeña.


Charquito cálido y sereno,

desapareciendo después

entre las briznas ligeras

y los pies.


La tarde se va,

metiéndose entre las nubes rojas,

el fresco azul

del aire y el agua

invadía mi cuerpo,

haciéndome amiga inseparable

de la toalla.
 
Suena el silencio en mis oídos,

de mis ojos la fiebre brota

y toco apenas la pesada luz

que en el suelo se derrama

lenta e invasora.


Pinta a rayas el cuarto

de naranja y azul

saltando boca abajo en el techo

todo insensato

que a la hora de la siesta

atraviesa la calle

colándose su sombra en mi cuarto.


El sueño me atrapó

en su red traidora

revolviéndome la conciencia,

al tiempo que en la alberca

saltaban los chiquillos alborotados

como si fuera una gran fiesta.


Se coló también la humedad caliente en mi cuarto

haciéndome salir al agua de la calle,

y un bofetón de luz

saltó sobre mí enredándome los ojos

en una ola inmensa,

en un manto de flama.


Las sombras estaban de pié

ya para toda la tarde.


El agua de la alberca

crujía incesante

saliendo despavorida de su atadura

para colarse en la grama verde

y hacerse pequeña.


Charquito cálido y sereno,

desapareciendo después

entre las briznas ligeras

y los pies.


La tarde se va,

metiéndose entre las nubes rojas,

el fresco azul

del aire y el agua

invadía mi cuerpo,

haciéndome amiga inseparable

de la toalla.
Un sentido poema nos dejas, grato leerte
 

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