Évano
Libre, sin dioses.
Hace cuarenta años que no para de llover, y como vivo en una aldea que desciende por una ladera de una alta montaña ya no hay tierra, sino que las rocas brillan en los escasos momentos en los que luce un sol mezclado con lluvia. Los árboles abrazan y enredan cualquier saliente de piedra para lograr mantenerse erguidos; muchos se asemejan más a grandes reptiles que a plantas de la naturaleza. Están hasta los cojones de líquenes verdosos que cuelgan hasta el suelo y que dan pánico. Abajo, en el valle, todo es agua. Cientos de pequeñas cataratas desembocan en él, formando un lago angosto que, seguramente, formará a su vez una gran catarata que caerá allá en la meseta, muy lejos de aquí. No he salido de la aldea en todo este tiempo. El último programa de televisión, una película erótica, lo vi cuando tenía siete años. Intenté imitar a los personajes, pero en realidad no me interesaba en absoluto. No hay teléfonos móviles, ni luz, ni vehículos; tan solo un viejo ordenador que funciona milagrosamente después de tanto tiempo, con baterías que he logrado almacenar; aunque las páginas de la Web siempre son las mismas, no cambian nunca, no hay movimiento, ni chat, ni email... Pero no me puedo quejar, tías buenas hay millones, aunque siempre adopten las mismas posturas y hagan las mismas escenas; hay de todo, repetido, pero de todo; es como el mundo de los sueños que se ven con los ojos despiertos. Pero me parece que llevo tanto tiempo solo que estoy mezclando los dos mundos. ¡Y qué más da!, yo voy dejando los escritos en las páginas que me interesan y al que no le guste... ¡Pues eso, que se vaya a la mierda! jajaja...
Me es difícil contener la locura, algo que encuentro lógico. El vivir solo tiene estas cosas. Cuando vives con más gente les echas las culpas a ellos, pero si vives en soledad te la tienes que echar a ti mismo; es entonces cuando se lía la marimorena, cuando se cabrea la gente que llevamos dentro; porque hay mucha gente dentro de cada uno (bueno, no sé si queda alguien más vivo por ahí jajaja... Decía... que hay mucha gente dentro de cada uno: unos son nobles y generosos, otros bordes y malos como lagartijas con un dedal atado a la cola, otros callados, que casi nunca hablan; hay quien se hace el gracioso sin serlo. En fin, que hay muchos, ¿para qué vamos a describirlos minuciosamente?, todos sabemos de lo que hablo y cada uno sabe perfectamente lo que tiene dentro; otra cosa es que no quiera o no le dé la gana mirar.
Hablando de la gente... ¡No aguantan cuatro chaparrones! La mayoría se marchó de estos lares cuando tan solo llevaba lloviendo unos cuantos años (siete u ocho, creo recordar). Mis padres decidieron quedarse, como es lo normal, pero murieron de cosas relacionadas con el agua y el frío; no sé si hongos, pulmonías, o hastiados de vivir jajaja... Alguna enfermedad de esas, como decía.
La vida es sencilla por aquí. Arroz no ha de faltar, ni legumbres de la huerta o frutas. Eso sí, he de subir la tierra en cubos. La recojo del fondo donde el agua no es tan profunda y la dejo secar. Luego tapo el huerto con mantas de por ahí, de los vecinos que marcharon, para que no se enlode. La hierba para las vacas y ovejas tampoco es problema, ¡ni el agua! jajaja... La comida me sobra a raudales, incluso la mayoría de la cosecha, por no decir casi toda, se las doy a los animales, ¡comen como marqueses! jajaja... Pero hay que tener cuidado de recoger bien las simientes para los años venideros.
¡Bueno!, estoy dando muchas vueltas, rodeando el asunto, podríamos decir. Lo que me hace falta es compañía. ¡Así de claro! Pero no sé en cual de los dos mundos en los que me he dividido la necesito jajaja... Por ello no paro de anunciarme en todas las páginas de Internet. ¡Pero no hay manera de conseguir una contestación! ¡Pues eso!, si alguien lee este relato y se anima que deje comentario debajo del mismo. Pero tiene que gustarle la lluvia un montón jajaja...
He de decir, para ser honesto, que quizás sea mejor las relaciones virtuales, porque mis pies ahora parecen ancas de rana, al igual que las manos; y en el cuello me van saliendo unas ranuras muy sospechosas, creo que son agallas; y un pulmón, pienso que el izquierdo, se ha convertido en branquia, porque cuando voy a buscar la tierra bajo el agua aguanto más, casi como un pez, calvo, eso sí jajaja... Y en la espalda, algo parecido a una gran aleta va emergiendo, o quizás sea una joroba, no sé jajaja... En fin... Ustedes mismos jajaja...
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