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La aldea

penabad57

Poeta veterano en el portal
Es como un jardín que ha florecido
pero que aún guarda escondida su raíz.

El río, entre la sombra de los abedules,
corre ágil, con su murmullo de cisne
hacia la boca del mar.

El sol de agosto cae limpio y crea un arco de luz,
reflejos de cal, de pizarra y granito, junto a la iglesia
el cementerio es una dentadura con apellidos que se repiten
hasta el infinito como hilos de una red en el lienzo de un pasado
que no acaba de morir.

Hay imágenes que, de pronto, vuelven a mí: la bicicleta amarilla
con sus pedales que giran igual que aspas veloces,
los baños en el río, los juegos en la plaza y, a veces, la lluvia
asomando por la colina sur
con su sombrero gris
y sus racimos de agua feraz.

Y la voz de la abuela, llamándome,
cuando la noche reina como una diosa.

La aldea es un pájaro que trina
la dulce canción de la infancia.

Yo solo la escucho
y desde el presente,
sonrío.
 
Última edición:
Es como un jardín que ha florecido
pero que aún guarda escondida su raíz.

El río, entre la sombra de los abedules,
corre ágil, con su murmullo de cisne
hacia la boca del mar.

El sol de agosto cae limpio y crea un arco de luz,
reflejos de cal, de pizarra y granito, junto a la iglesia
el cementerio es una dentadura con apellidos que se repiten
hasta el infinito como hilos de una red en el lienzo de un pasado
que no acaba de morir.

Hay imágenes que, de pronto, vuelven a mí: la bicicleta amarilla
con sus pedales que giran igual que aspas veloces,
los baños en el río, los juegos en la plaza y, a veces, la lluvia
asomando por la misma colina
con su sombrero gris
y sus racimos de agua derramada.

Y la voz de la abuela, llamándome,
cuando la noche reina como una diosa.

La aldea es un pájaro que trina
la dulce canción de la infancia.

Yo solo la escucho
y desde el presente,
sonrío.
Ahora esos recuerdos no se van a borrar. Un abrazo, Ramón.
 
Es como un jardín que ha florecido
pero que aún guarda escondida su raíz.

El río, entre la sombra de los abedules,
corre ágil, con su murmullo de cisne
hacia la boca del mar.

El sol de agosto cae limpio y crea un arco de luz,
reflejos de cal, de pizarra y granito, junto a la iglesia
el cementerio es una dentadura con apellidos que se repiten
hasta el infinito como hilos de una red en el lienzo de un pasado
que no acaba de morir.

Hay imágenes que, de pronto, vuelven a mí: la bicicleta amarilla
con sus pedales que giran igual que aspas veloces,
los baños en el río, los juegos en la plaza y, a veces, la lluvia
asomando por la colina sur
con su sombrero gris
y sus racimos de agua derramada.

Y la voz de la abuela, llamándome,
cuando la noche reina como una diosa.

La aldea es un pájaro que trina
la dulce canción de la infancia.

Yo solo la escucho
y desde el presente,
sonrío.
Hermosa evocación de tiempos felices, cuando eran sanas y sublimes las costumbres
Gracias, mi estimado poeta, por compartir tu hermosa obra
Saludos y un abrazo
 
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