Frankos Roda
Poeta recién llegado
En el mullido encaje de tu ombligo
la brisa deshilacha una guedeja
la elipse de su olor llega y aleja
en fruto candeal y rubio trigo.
Solícitos azotes y castigo
requieren el instante de una queja,
al punto un rastro plata se refleja
brillante sobre un mar mudo y testigo.
Jamás aljaba y dardos de Cupido
hirieron más certeros sobre el pecho
al sueño reclinado en una almohada;
y a fe que no ha de haber palacio o nido,
cojines de plumón, frazada o lecho
que suplan como el vientre de la amada.