Alberto Alcoventosa
Poeta adicto al portal

IMAGEN DE LA RED
Presumía la amapola
entre los verdes trigales,
bajo azules celestiales
que ensalzaban su corola.
Una espiga enamorada
de su bermejo color
envidiaba su esplendor
y suspiraba admirada.
Y nuestra flor muy ufana
de su flamante hermosura
se jactaba sin mesura
al despuntar la mañana.
Se vistió de gris la altura
por un negro nubarrón
y descargó un chaparrón
que acabó con su apostura.
Y la petulante flor,
a causa del remojón
que se dio sin ton ni son,
vio apagarse su esplendor.
Ha quedado despojada
de su primor hechicero
por culpa del aguacero
que la dejó destrozada
Presumía la amapola
entre los verdes trigales,
bajo azules celestiales
que ensalzaban su corola.
Una espiga enamorada
de su bermejo color
envidiaba su esplendor
y suspiraba admirada.
Y nuestra flor muy ufana
de su flamante hermosura
se jactaba sin mesura
al despuntar la mañana.
Se vistió de gris la altura
por un negro nubarrón
y descargó un chaparrón
que acabó con su apostura.
Y la petulante flor,
a causa del remojón
que se dio sin ton ni son,
vio apagarse su esplendor.
Ha quedado despojada
de su primor hechicero
por culpa del aguacero
que la dejó destrozada