Ligia Calderón Romero
Poeta veterano en el portal
I
Recuerdo una casona con ventanas
de madera. El arroyo retozando
entre las piedras
y la maleza departiendo
con el sol abrileño.
Los pies descalzos —juguetones—
persiguiendo olominas. Las libélulas
con sus preciosos trajes de tergal
en mágico espectáculo
para unas niñas
de escasos cuatro años que en un día cercano
corriendo en sus verdones —a plena luz del día—
vieron irse la infancia.
II
El sol se columpiaba entre las nubes
y parecía un relicario en llamas
que chamuscaba el ángel de las sombras.
Otras eran las casas,
nosotras las de entonces con algo más de arcilla.
Un cambio de pupitres
con un mariposario incluido
mimando el unicornio de los sueños.
Hoy en la lejanía conservo tu amistad.
Eres privilegiada porque,
aún, vistes de luz tus campos.
Yo, rata de ciudad, añoro mis verdones.
abril 20, 2022
Recuerdo una casona con ventanas
de madera. El arroyo retozando
entre las piedras
y la maleza departiendo
con el sol abrileño.
Los pies descalzos —juguetones—
persiguiendo olominas. Las libélulas
con sus preciosos trajes de tergal
en mágico espectáculo
para unas niñas
de escasos cuatro años que en un día cercano
corriendo en sus verdones —a plena luz del día—
vieron irse la infancia.
II
El sol se columpiaba entre las nubes
y parecía un relicario en llamas
que chamuscaba el ángel de las sombras.
Otras eran las casas,
nosotras las de entonces con algo más de arcilla.
Un cambio de pupitres
con un mariposario incluido
mimando el unicornio de los sueños.
Hoy en la lejanía conservo tu amistad.
Eres privilegiada porque,
aún, vistes de luz tus campos.
Yo, rata de ciudad, añoro mis verdones.
abril 20, 2022