La aparición del cementerio

Uff pone los pelos de punta...muy bueno!
Tus relatos me enganchan! :) un beso y estrellas.
 
Dulcinista escalofriante microrrelato, !felicitaciones, la imagen es perfecta!

Abrazos!
 
Jejejeje me gustó bastante.
Fíjate, tuve una perrita de la que podía asegurar que en ella estaba el espíritu de mi abuelo, nadie me creía pero bueee.
Genial tu relato, muy entretenido.
Saludos.

P.D.: Sigue invitándome, disfruto de leerte. :)
 
Escalofriante situación, querido amigo, que la has descrito en tu relato con atinada naturalidad.

Seguiré acudiendo a tu espacio, pues me interesará conocer un poco más tu estilo narrativo.

Un fuerte a brazo.
 
Amigo,tienes una virtud especiaal para hacerme temblar de escalofríos,escribes con tanta maestría que hasta se puede visualizar el escenario de tu historia,Es un lujo entrar en tu mundo,no puedo salir de el sin dejarte todas las estrellas que traigo en mi bolsillo.Un abrazo,gracias.
 
buen relato de tu abuelo.
el perro el puede ver espíritus o ellos entran en el perro, sé historias de esas, no me asusta para mí estan normal.
cualquier día voy a escribir un relato parecido al tuyo, me aguarde.
un abrazo
el poeta gonzalo
 
Ups!!¿ era un perro negro? Mi abuelo contaba de uno que rondaba su casa... Siempre encantada de leerte Querido dulcinista, mi abrazo hasta tu orilla!
 
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Contaba mi padre que volviendo de cazar un día, uno de sus perros se adentró en el cementerio; lo llamó, pero el animal no acudía, lo que lo obligó a adentrarse en el camposanto para buscarlo. Era una ventosa tarde de noviembre que amenazaba lluvia. Una vez dentro, vio que de una de las tumbas salía un resplandor. Leyó el nombre de la lápida: Ceferino Anglada Tellez. Un escalofrío recorrió su cuerpo al leer el nombre de su propio padre, ahogado en el mar hacía muchos años, y cuyo cuerpo no había sido encontrado. Allí estaba el perro, ladrando frente a la lápida. Decía que vio salir el cuerpo de mi abuelo de la tumba y que los ojos de la aparición y los del perro eran rojos como la sangre, y que de pronto fue como si la aparición entrase en el cuerpo del perro, cuyos aullidos le erizaron la piel. El animal desapareció y no volvió a verlo; tampoco volvió a ver a su padre. Después de aquel suceso, dejó de cazar, ya que no soportaba la presencia de un perro a su lado.

Eladio Parreño Elías

20-Febrero-2012
Los perros son los mejores amigos del hombre, pero con esa aparición da miedo.. abrazos..
 
Me encantan los perros (tengo 4) y tu relato me hizo pensar en esa creencia de los aztecas....que los perros acompañan a sus amos más allá de la vida. espero que mis perros me guíen por el camino en el más allá :) los quiero taaaaanto!

Buen relato, un placer leerte.
 
Yo no soy cazadora, pero te aseguro que también hubiese colgado la escopeta.
Cementerio, tarde gris de noviembre, un resplandor y un perro con los ojos inyectados en sangre, desde luego las imágenes son para que te recorra un escalofrío como el que acabo de sentir.

Gracias por el relato.
Besos
 
Ayyy noo! Si ya le tenía pavor a los perros ( de niña me mordió uno) con este relato no los quiero ni ver ,jajaja, aunque los pequeñitos son adorables yo tuve una perrita que se llamaba luna y se me murió , todavía me duele, era de la raza hush puppies. Un gusto estar en tu escalofriante relato , amigo . Estrellitas y un abrazo lleno de cariño.
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Contaba mi padre que volviendo de cazar un día, uno de sus perros se adentró en el cementerio; lo llamó, pero el animal no acudía, lo que lo obligó a adentrarse en el camposanto para buscarlo. Era una ventosa tarde de noviembre que amenazaba lluvia. Una vez dentro, vio que de una de las tumbas salía un resplandor. Leyó el nombre de la lápida: Ceferino Anglada Tellez. Un escalofrío recorrió su cuerpo al leer el nombre de su propio padre, ahogado en el mar hacía muchos años, y cuyo cuerpo no había sido encontrado. Allí estaba el perro, ladrando frente a la lápida. Decía que vio salir el cuerpo de mi abuelo de la tumba y que los ojos de la aparición y los del perro eran rojos como la sangre, y que de pronto fue como si la aparición entrase en el cuerpo del perro, cuyos aullidos le erizaron la piel. El animal desapareció y no volvió a verlo; tampoco volvió a ver a su padre. Después de aquel suceso, dejó de cazar, ya que no soportaba la presencia de un perro a su lado.

Eladio Parreño Elías

20-Febrero-2012
 
Inquietante relato, una ficción que podría cuestionarse ante la extrañeza de un entierro identificado en el lugar, si no fuera porque la realidad es tantas veces cuanto más extraña, y si no lo es la realidad... son esos fantasmas del pasado que juegan las malas pasadas de un destino que siempre nos persigue.

Me ha gustado mucho, gracias.
Cierto amigo Mus, hay por ahí tantas cosasa raras, que nada nos debe parecer extraño oimposible. Gracias. Un abrazo.
 
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Contaba mi padre que volviendo de cazar un día, uno de sus perros se adentró en el cementerio; lo llamó, pero el animal no acudía, lo que lo obligó a adentrarse en el camposanto para buscarlo. Era una ventosa tarde de noviembre que amenazaba lluvia. Una vez dentro, vio que de una de las tumbas salía un resplandor. Leyó el nombre de la lápida: Ceferino Anglada Tellez. Un escalofrío recorrió su cuerpo al leer el nombre de su propio padre, ahogado en el mar hacía muchos años, y cuyo cuerpo no había sido encontrado. Allí estaba el perro, ladrando frente a la lápida. Decía que vio salir el cuerpo de mi abuelo de la tumba y que los ojos de la aparición y los del perro eran rojos como la sangre, y que de pronto fue como si la aparición entrase en el cuerpo del perro, cuyos aullidos le erizaron la piel. El animal desapareció y no volvió a verlo; tampoco volvió a ver a su padre. Después de aquel suceso, dejó de cazar, ya que no soportaba la presencia de un perro a su lado.

Eladio Parreño Elías

20-Febrero-2012



Escalofriante, querido amigo, y genial como siempre. Abrazos.
 
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Contaba mi padre que volviendo de cazar un día, uno de sus perros se adentró en el cementerio; lo llamó, pero el animal no acudía, lo que lo obligó a adentrarse en el camposanto para buscarlo. Era una ventosa tarde de noviembre que amenazaba lluvia. Una vez dentro, vio que de una de las tumbas salía un resplandor. Leyó el nombre de la lápida: Ceferino Anglada Tellez. Un escalofrío recorrió su cuerpo al leer el nombre de su propio padre, ahogado en el mar hacía muchos años, y cuyo cuerpo no había sido encontrado. Allí estaba el perro, ladrando frente a la lápida. Decía que vio salir el cuerpo de mi abuelo de la tumba y que los ojos de la aparición y los del perro eran rojos como la sangre, y que de pronto fue como si la aparición entrase en el cuerpo del perro, cuyos aullidos le erizaron la piel. El animal desapareció y no volvió a verlo; tampoco volvió a ver a su padre. Después de aquel suceso, dejó de cazar, ya que no soportaba la presencia de un perro a su lado.

Eladio Parreño Elías

20-Febrero-2012


Se me erizo la piel, jejeje. Buen escrito... Tus escritos hacen escarapelar la piel a cualquiera. Abrazos Dulcinista, siempre es un placer leerte.
 
Que miedo de relato y de dibujo, no me extraña que el perro se fuera y no volviera. Genial Eladio, eres un maestro de lo tétrico. Un abrazo cálido.
 
Poeta excelente relato ,me ha gustado muschisimo ,muchas felicidades y millones de estrellas ,ya no me gustan los perros .... un abrazo
 
Poeta excelente relato ,me ha gustado muschisimo ,muchas felicidades y millones de estrellas ,ya no me gustan los perros .... un abrazo
 

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